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Rutas argentinas

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Están aquellas que siguen el origen de un producto, las que enlazan accidentes geográficos, las que investigan historias o misterios. Nuestro país ofrece, como es su costumbre en materia turística, una infinita variedad de opciones.

Por Marysol Antón

 

Las rutas nos llevan de un destino a otro, y muchas veces nos proponen experiencias que giran en torno de un tema. ¿Vale la pena dejarse guiar por ellas? Sin dudas que sí. En todos los rincones y provincias hay ejes temáticos que le dan a los turistas la posibilidad de conocer a fondo un hecho histórico, un aspecto de economías regionales, adentrarse en costumbres y hasta deleitar a los paladares. Los invitamos a conocer algunas de ellas.

Ruta del Vino I

Con la cordillera de los Andes como fiel testigo, quien pise tierras mendocinas no pude dejar de catar algún tinto o blanco. Esta provincia es uno de los centros productores más importantes de vino en la Argentina, tanto que allí se genera el Malbec, esa cepa que es reconocida mundialmente y que nadie se resiste a probar. Además, Mendoza goza con el privilegio de contar con dos Denominaciones de Origen Controlado (DOC): Luján de Cuyo y San Rafael.

Seguir esta ruta no es un viaje cualquiera, en él los sentidos tienen su propia vivencia, entablando un diálogo profundo con las tradiciones de la industria vitivinícola y con las complejidades de la naturaleza, que son tan esenciales para darle a las uvas ese sabor que las vuelve únicas.

Lo ideal es poder dividir la experiencia en dos jornadas, en una encarar hacia Luján de Cuyo y en la otra hacia San Rafael. Además, así es posible extender el placer por más tiempo. Lo interesante es que en cada bodega hay guías que no solo explican cómo interactúa la altura en la dulzura o acidez de la vid, sino también que dan tips para aprender a catar.

Para quienes son muy amantes del vino, nada como tomar una copa sirviéndose directamente de la barrica en la que se estaciona esta bebida tan tradicional. De ser posible, bajar a las cavas es una ocasión excelsa, como entrar a una cámara secreta, donde la nobleza germina. Es una oportunidad para aprender a ir detectando los distintos puntos de los tintos y blancos, para conocer las etapas de la producción y hasta se puede ser parte de la vendimia si se va durante el mes de febrero.

Para darle el toque final, nada como almorzar en alguna de las tantas bodegas. Algunas, ofrecen hacerlo en la sombra, bajo parras que estimulan el olfato con su dulce aroma. Ellas proponen menús de pasos que se amalgaman con diferentes varietales, incluido el postre.

En esta ruta los espumantes también tienen su espacio. Brindar a los pies de la cordillera, con el sol poniéndose, es una vivencia que solo se vincula con el placer. Conocer las diferencias entre extra brut, brut nature, demi sec y millésime puede ayudarnos a ampliar nuestros gustos y probar variantes que desconocíamos.

Por supuesto, en cada bodega es posible comprar algunas botellas y también accesorios para extender la experiencia a la casa propia o a reuniones con amigos.

Ruta del Vino II

Así como el Norte de nuestra cordillera ofrece una ruta dominada por varietales como el Malbec, el Syrah, el Cabernet Sauvignon y el Torrontés, el Sur también tiene su producción y sus cepas insignias.

La Ruta del Vino de la Patagonia recorre las provincias de Neuquén y Río Negro. Se concentra en las localidades de San Patricio del Chañar, a tan solo 48 km de la ciudad de Neuquén; Chos Malal, en el Corredor Neuquén Norte, y en las ciudades de Cipolletti y General Roca, en el alto valle rionegrino.

Los suelos patagónicos son arenosos y pedregosos, que al unirse con un clima seco y de vientos moderados dan una gran sanidad a los cultivos. Además, la amplitud térmica asegura un excelente nivel de acidez, que se potencia luego en los vinos que se logran.

Aquí también las bodegas ofrecen almuerzos, participar de la vendimia y hasta hay algunas que tienen habitaciones para pasar más de un día rodeados de viñedos y los picos nevados de la Cordillera. Una particularidad es que los platos son característicos de la cocina patagónica, por eso no faltan los menús con presencia de ciervo, trucha y ahumados. A la hora de lo dulce, el chocolate es el gran protagonista, durante las cuatro estaciones, y los frutos rojos se adueñan de la segunda mitad del año.

¿Qué variedades encontramos acá? Chardonnay, malbec, merlot, cabernet sauvignon, pinot noir, cabernet franc y sauvignon blanc.

Algunos turistas aprovechan el viaje y extienden su excursión hasta la región del Comahue, donde se desarrolló un complejo sistema de riego que permite la producción de manzanas y peras, además de las frutas de carozo. Se trata de un gran abanico de sabores, que puede combinarse con el alcohol en la producción de sidra, que ahora no solo se consume de manzana, sino también de pera. Vale la pena degustar ambas.

Ruta Azul

Es uno de los circuitos turísticos más novedosos del país. Se extiende a lo largo del litoral atlántico de la Patagonia, y alberga una fauna marina de características únicas. Entre sus actividades más características está el avistaje de pingüinos de Magallanes y Penacho Amarillo, así como también de toninas overas, lobos marinos y orcas.

El circuito comienza en la Ruta Nacional 3, y abarca ciudades como Comodoro Rivadavia, en Chubut, y Río Gallegos, en Santa Cruz. La primera de estas metrópolis es la más destacada en cuanto a infraestructura por tener un aeropuerto internacional. Lo distintivo de Río Gallegos es que se puede tomar desde ahí la famosa Ruta 40, que conecta de Sur a Norte todo el país.

Quienes aman la pesca y el buceo no pueden perderse ir a Camarones, el punto de partida del corredor Bioceánico. Allí, además, cada febrero se celebra la Fiesta Nacional del Salmón.

Como parte de la Ruta Azul está el Parque Marino Costero Patagonia Austral, que cubre un centenar de kilómetros de costas del Cabo Dos Bahías y la Bahía Bustamante, además de unas 60 islas e islotes. En esta reserva se protegen unas cuarenta especies de aves y diez de mamíferos, como pingüinos, patos vapor, ballenas, guanacos, ñandúes y lobos marinos.

 

Ruta de los seismiles

En Catamarca, la Ruta Nacional 60 es la que oficia como eje de este recorrido que se caracteriza por su altura. Sobre el Oeste de la provincia de Catamarca, la propuesta es adentrarse en lo profundo de la Cordillera de los Andes y acercarse a unas veinte cumbres que superan los seis mil metros de altura.

Por supuesto, los andinistas tienen una especial predilección por esta ruta, y ellos dedican más de una jornada en escalar estos picos que son para expertos. Para quienes no son tan osados, el paisaje es ya una gratificación en sí misma. En este destino todos sienten que tocan el cielo con las manos.

Entre los picos más famosos está los volcanes Pissis y Ojos del Salado. Además, se destacan los cerros Tres Cruces, Nacimientos y el San Francisco. El punto de partida de las excursiones suele ser desde Fiambalá, ciudad a la que muchos conocen como “la puerta de los seismiles”.

Es importante saber que esta ruta se puede hacer entre octubre y abril, y es necesario contar con el acompañamiento de guías especializados. Para ingresar a algunas zonas es preciso acceder con camionetas 4×4, también con provisión de oxígeno y alimentación especial para alta montaña. Quienes quieran ascender deberán atravesar campos de hielo y temperaturas de 20 grados bajo cero.

Estancias jesuíticas

Incluidas desde el 2000 en la Lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, las estancias jesuíticas cordobesas son uno de los destinos predilectos para quienes aman las rutas de turismo religioso.

En total estos establecimientos son seis y están concentrados en la Manzana y la zona de las estancias la Manzana Jesuítica en la ciudad de Córdoba y las Estancias de Caroya, Jesús María, Santa Catalina, Alta Gracia y La Candelaria.

Esta propuesta es un itinerario turístico cultural que permite descubrir y conocer los valores patrimoniales y la importancia mundial de estos lugares históricos. En ellos se puede vivenciar cómo la llegada de las creencias europeas entró en contacto con las poblaciones locales de los pueblos originarios.

La Manzana, en la capital provincial, comprende la Iglesia de la Compañía, la Capilla Doméstica y la Residencia de los padres. Así también, el antiguo Rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba.

Ya en las sierras, la estancia La Candelaria está en Cruz del Eje, y todavía se aprecia allí como se ejerció la cría de mulas. En cambio, si lo que se busca es apreciar la arquitectura, el sitio indicado es Santa Catalina, que resalta por su belleza y por conservar el diseño propio de los siglos XVII y XVIII. Una maravilla que se encuentra de camino a Ascochinga.

Historia de Fantasmas

Algunos comienzan este recorrido por las cercanías del Cementerio de la Recoleta, y otros en Barracas, con la historia del fantasma de Felicitas Guerrero. En el primero se cuenta la historia de una chica que, vestida de blanco, seduce gentilmente a varones que caminan por los alrededores del camposanto y siempre olvida un saco, que, al intentar el enamorado devolverlo, descubre que la chica era un espíritu.

En cambio, el espectro de Felicitas deambula por la iglesia que lleva su nombre, a metros de la avenida Montes de Oca, en el Sur de la ciudad. La historia dice que ella sigue apareciendo a modo de denunciar cómo un pretendiente despechado la asesinó allá por el siglo XIX. Su malograda vida es tan famosa que hasta hay una película.

Muy cerca de allí, en La Boca, está la casa de la torre, donde se cuentan numerosas fábulas, desde el espectro de una chica que llora desde lo alto hasta los juegos de duendes que esconden montones de objetos de quienes han habitado esa propiedad.

Argentina tiene miles de rutas, solo basta elegir una y seguirla hasta conocerla toda.

 

 

 

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