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La experiencia de esperar el pique

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En compañía, esta actividad deportiva permite profundizar y estrechar relaciones entre las personas y también con la naturaleza. Argentina brinda múltiples opciones para quienes aman salir con sus cañas.

 

Por Marysol Antón

 

Pocas opciones tienen la ventaja de sumar tantos placeres. Y, más aún, son menos las que logran hacerlo con grandes variedades, y todas de buena calidad. Esto es todo lo que logra la pesca, una actividad que genera pasiones, y que reúne el poder apreciar los mejores horizontes en todas las regiones del país. La Argentina es rica en destinos, pero también en las variedades de especies que se pueden encontrar en sus cuencas hídricas.

La pesca es un deporte social, no solo por el impulso que genera en las economías regionales, sino también porque se comparte entre amigos, fomenta nuevos vínculos y se transmite de generación en generación. Es frecuente que los padres planifiquen viajes con sus hijos solo para tirar unas líneas y, mientras se espera el pique, tener esas charlas que pocas veces se pueden dar en las rutinas agitadas de la ciudad. Además, esta actividad enseña a cuidar la vida, al ambiente, a respetar los tiempos, a ser detallistas a la hora de planificar, a desarrollar estrategias de acuerdo con la especie que se quiera conseguir y más.

Otro punto que tiene a favor es la prédica del esfuerzo, porque por más buena técnica que se tenga para tirar la caña, de nada vale si uno sale en horarios que los peces ya están activos y lejos de la zona de pique. Por eso, mientras otros todavía sueñan, los pescadores saben de levantarse cuando aún no amaneció, de desafiar el frío de la madrugada y salir para que el amanecer los encuentre ya en el bote o el muelle.

En Argentina abundan los destinos para practicar esta actividad. Tanto es así que hay más de 600 kilómetros de orillas de distinto origen (lacustre, fluvial y marina) que se despliegan desde Jujuy hasta Tierra del Fuego, desde la cordillera de los Andes hasta el Litoral. Además, existen una gran propuesta de servicios adicionales orientadas a mejorar la experiencia, entre las que se cuenta la oferta gastronómica y hotelera de cada destino.

Sin dudas, el Sur se lleva todas las miradas cuando se habla de pesca con mosca, pero las opciones son múltiples y abarcan toda la Patagonia. Por supuesto, el frío de la provincia más austral no asusta a los pescadores, los mismos que se animan a ir al Lago Fagnano, que cuenta con 545 kilómetros cuadrados de superficie. Lo importante es que no solo es un destino para esperar el pique, también les permite a los acompañantes disfrutar del frondoso bosque que rodea al espejo de agua. La geografía también tiene una alta importancia en la pesca, pues admite armar mapas casi de manera intuitiva, como el que se conforma al seguir la conexión entre el mencionado lago y el Escondido, ubicado en el Parque Nacional Tierra del Fuego. A este último se accede de un modo más fácil si se llega por la Cordillera de los Andes. Es una zona que se ha desarrollado especialmente para la comodidad de los pescadores, y cuenta con alojamientos diseñados para llegar y sacarse despreocupadamente el outfit mojado. También en Tierra del Fuego, de noviembre a abril, el Río Grande vive su temporada alta de pesca. Durante esos meses se consiguen los ejemplares más grandes. Además, el clima es más benévolo y las horas de luz del día se llegan a extender hasta la medianoche, como sucede los 21 de diciembre. Con el mate como compañero de ruta y pesca, los deportistas eligen este destino porque saben que pueden conseguir peces que los dejarán con la boca abierta. La especie más codiciada es la plateada por su excepcional tamaño -llegan a pesar 15 kilos-, además de ser astuta para esquivar el anzuelo y la mosca.

Subiendo por el mapa, en Chubut, el Parque Nacional Los Alerces alberga una de las especies más buscadas por los amantes de la pesca: la trucha. Pero, este destino es tan rico que no solo tiene un tipo, sino que en él habitan truchas arco iris, marrón y de arroyo. A éstas se suma el salmón encerrado.

Cerquita, en Esquel, está Villa Futalaufquen, un paraíso de bosques patagónicos protegidos que enmarcan lagos que sorprenden por la belleza del paisaje y por el caudal de pique que ofrecen. Por su clima pacífico y el aire puro de montaña vale la pena dedicarle varios días a este destino en el que es posible conseguir un acercamiento intenso con la naturaleza y su majestuosidad.

Por supuesto, no se puede saltear a Bariloche como ícono del Sur, pero también como un punto de atracción para los pescadores. Cada año miles de mosqueros llegan a esta ciudad y no precisamente atraídos por la nieve o la posibilidad de esquiar. Ellos, en cambio, prefieren las frías aguas del Lago Nahuel Huapi, el Río Traful o el Caleufú, pues en ellos nadan peces que son grandes tesoros vivientes. En la zona hay un total de 14 lagos, todos con truchas de tamaños variables, pero con algunos individuos que sorprenden por sus dimensiones.

La Costa Atlántica es un cofre lleno de tesoros, pues siempre ofrece alternativas para lo que sea que se busque. Por supuesto, en el caso de la pesca es una gran gestora de la actividad, tanto que es parte de sus recursos económicos más sobresalientes. Desde Monte Hermoso hasta San Clemente del Tuyú, obviamente pasando por Mar del Plata, los muelles son el punto de encuentro entre quienes tiran sus líneas y los curiosos que quieren aprender el oficio.Para los más osados, la opción de embarcarse en pequeños botes antes del amanecer e ir mar adentro, más allá de la rompiente, para tener la experiencia de la inmensidad y conseguir peces de agua salada. Aquí, el desafío es doble: domar las olas y a los peces.

Hacia el Centro, Córdoba se destaca por la pesca del pejerrey. En esta provincia el pique está en ríos y lagunas, como la de Mar Chiquita, que es llamativa por su agua salada. También son famosas la De Suco, en La Falda, y Cachicoya, en Cruz del Eje. La zona del Embalse de Río Tercero y la del Dique San Roque son dos ollas de agua que garantizan el éxito. Allí hay carpas comunes y espejo, bagres negros, tarariras y dientudos.

En el Oeste, Mendoza cautiva por sus vinos, pero en Potrerillos las truchas le juegan la pulseada a la copa de tinto. Es tan así, que este destino se transformó en un lugar añorado por los mosqueros, que tienen su momento álgido durante el certamen llamado One Fly. Cabe destacar que los peces se agolpan en la zona gracias al dique que se alimenta de las aguas del Río Mendoza, que tienen en este lugar la particularidad de ser celestes y cristalinas. Tanta es la cantidad de animales que hasta se puede pescar siguiendo la modalidad waders, en la que uno se mete caminando al espejo acuático y puede desplazarse libremente.

Subiendo por el mapa hacia el Norte, Salta es “la linda” por las sorpresas de su geografía, pero también por la riqueza de sus aguas. El Parque Baritú atesora la llamada “Salta Verde”, que se diferencia de los Valles Calchaquíes y de los paisajes andinos. En esas coordenadas reinan las yungas, formando la mayor reserva de biosfera de la Argentina. Parte de la humedad del lugar se debe al sinuoso y acaudalado trayecto del Río Bermejo, una cinta acuática deseada por ser el hogar de especies sumamente preciadas, como el dorado o tigre de río.

También contando con el dorado como gran atractivo, la laguna de Herradura, en Formosa, pica en punta a la hora de armar un podio de pesca deportiva en el norte del país. Alimentado por el Río Paraguay, este espejo de agua, que posee abundante vegetación ribereña, en su interior cuenta con especies de corvina blanca. Son los baqueanos quienes saben donde están los pozos en los que se amuchan los cardúmenes. Tan importante es esta especie que, cada enero, la provincia organiza la Fiesta Internacional de la Corvina de Río. Pero la laguna tiene todavía mucho más por dar, así los aficionados también podrán fotografiarse junto a pacúes y surubíes.

Corrientes es una de las provincias clásicas para los pescadores. Su diversidad en destinos y tipo de pesca es tanta que siempre surgen nuevos espacios para descubrir. Es el caso Itá Ibaté, que se caracteriza por las especies de enorme tamaño que brindan sus aguas, con ejemplares de dorados de 10 a 20 kilos, como así también surubíes de 20 a 60 kilos. Además, también es posible atrapar bogas y pacúes de pesos considerables. Los aficionados capturan sus presas utilizando la pesca con mosca, spinning, trolling, pesca tradicional o fly fishing.

Por supuesto, uno de los destinos top de la provincia son los Esteros del Iberá, donde se han pescado dorados de más de 12 kilos. Pero eso no es todo, se cuentan grandes historias sobre piques de salmones de río, tarariras y surubíes manchado y atigrado.

Hacia el Este, marcando la frontera con Brasil, el río Uruguay también es otro polo pesquero. Por su fondo de arenas blancas, toscas coloradas y grandes pedregales, el agua queda libre de sedimentos y se vuelve perfecta para usar señuelos artificiales. En este devenir también se pueden conseguir dorados de grandes dimensiones, pero se destaca la presencia de bogas robustas. Como en los destinos anteriores, en todos estos lugares la pesca es con devolución obligatoria.

Ya en Entre Ríos, pero todavía navegando por el Uruguay, se llega a Concordia, donde la represa de Salto Grande brinda las condiciones ideales para la pesca deportiva del dorado. Esta actividad está permitida un kilómetro abajo de la presa y desde allí se extiende hasta la restinga de Salto Chico, donde se forma un sitio realmente espectacular para los amantes de este anhelado pez. Para quienes deseen conseguir bogas, lo aconsejable es usar granos de maíz en los anzuelos. Para dar con ella uno puede optar por embarcarse, con equipos livianos es suficiente, o tirar la línea desde la costa.

Cabe destacar que algunas provincias exigen que los deportistas tengan sus licencias para pescar al día, así como también establecen temporadas para la actividad y normativas que incluyen detalles sobre los equipos que se pueden usar. Por eso, antes de planificar un viaje es preciso revisar bien qué clases de permisos son necesarios.

El Sur, el gran atractivo

Los ríos de la Patagonia son mundialmente famosos por ofrecer grandes alternativas para quienes aman pescar, sobre todo para los que gustan hacerlo con mosca. ¿Por qué son tan atractivos? Es que en ellos se encuentran especies como la trucha y el salmón, que crecen y se ven individuos de gran porte. Ahora bien, la pesca, como deporte, también tiene un impacto económico, y hay que agradecerle a los salmónidos silvestres que se haya podido desarrollar tanto esta actividad que genera movimiento en numerosas industrias, desde el turismo hasta el equipamiento y la logística. Tanto es así, que la importancia económica que tiene esta actividad recreativa por sí sola, es comparable a los deportes invernales, el montañismo y otros rubros turísticos en los que toda una familia puede acceder y participar de forma activa.

Cuidar entre todos

La pesca deportiva se destaca por ser una actividad sustentable, pues si algo saben los pescadores es que para que puedan volver a disfrutar de una jornada en el río o en el mar deben luchar por la salud de los ecosistemas.  Por todo esto, desde los Parques Nacionales siempre recomiendan:

  • Acceder a los sitios de pesca sólo por los senderos existentes. No pisar sitios frágiles -juncales, mallines y más-, caminar sobre superficies duras.
  • No transitar con vehículos fuera del camino; únicamente cruzar cursos de agua por badenes habilitados.
  • Acampar en lugares designados o ya utilizados con anterioridad sin hacer canaletas para la carpa.
  • No arrojar ningún elemento al agua, no usar jabones ni detergentes en los ambientes.
  • Limpiar la vajilla a no menos de 60 metros, llevando agua en un recipiente.
  • No arrojar vísceras de pescado al agua.
  • No remover piedras, troncos y ramas del agua.
  • Evitar dejar tanzas o señuelos en el ambiente.
  • Solo encender fuego donde está permitido. Hacerlo pequeño, en fogones, utilizando sólo leña seca, fina y caída. La basura generada debe transportarse a los centros urbanos.

 

La pesca es un deporte social, no solo por el impulso que genera en las economías regionales, sino también porque se comparte entre amigos, fomenta nuevos vínculos y se transmite de generación en generación.

Los valores

Por Javier Urbanski

La experiencia de Pescar está llena de valores y enseñanzas que van más allá del hecho de capturar un pez. En primer lugar, despierta en nosotros un fuerte instinto natural de atrapar nuestro propio alimento, un comportamiento ancestral e innato que nos acompaña desde hace millones de años. Pero al mismo tiempo y gracias a la evolución de los equipos y señuelos, nos permite capturar al pez de manera efectiva y con el menor daño posible, con el objeto de poder devolverlo al agua, luego de haber disfrutado todo el proceso de captura, y de esa manera preservar las especies y mantener la sustentabilidad de la actividad.

Ese momento central de la captura y liberación de un pez está también rodeado de otros elementos importantes que explican la atracción que la pesca genera. En una salida de pesca familiar se comparten y se transmiten valores relacionados con el respeto al ambiente y el aprender a disfrutar de la naturaleza que nos rodea, maravillarse con bosques milenarios, estar en contacto con lagos y ríos cristalinos y hasta observar e identificar aves y fauna en general.

Por último, la pesca es una de las pocas actividades turísticas y recreativas en las que no existen límites de edad ni condición física, además de tener la posibilidad de practicarla a pie, en bote a remo o lancha con motor.

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