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Ushuaia, la gastronomía es una parte del paisaje

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La experiencia de comer, beber y disfrutar en el lugar que le dio identidad a las comidas tal vez cuente con la bendición de Baco, imagina la autora de esta nota.

 

Por Andrea Maset (*)

 

Si hoy me diesen a elegir, compraría sin dudar un boleto a Ushuaia, ciudad encantada y mágica de nuestra Patagonia Argentina, pretendería un paseo completo por sus montañas de picos nevados, sus aguas azul profundo y su viento de fortaleza rotunda.Solicitaría una cazuela de barro cocido o una centolla, a la cual coloco en el puesto número uno en el ranking de los manjares patagónicos, gratinada en una preparación similar al conocido pastel de papas. El vino acordado un PinotNoir,con paso por barrica de roble francés de las frías y ventosas tierras neuquinas, lugar donde nos encontramos amablemente con la Ruta del Vino de la Patagonia, que recorre las provincias de Neuquén y Río Negro, concentrándose principalmente en la localidad de San Patricio del Chañar, a tan solo 48 km de la ciudad de Neuquén, en Chos Malal, en el Corredor Neuquén Norte, a unos 400 km aproximadamente de la ciudad Capital, y en las ciudades de Cipolleti y General Roca, en el alto valle rionegrino.Aquí se cultivauna gama muy interesante de uvas tintas, entre otras, desarrolladas bajo un clima hostil que acentúa perfumes, colores y buenos niveles de azúcar, lo que en vinos es generalmente igual que decir: elegante bouquet, variados matices y óptimos niveles alcohólicos con elevadopotencial de guarda.

Permitirse un plato de la cocina fueguinacomo la merluza negra, la centolla, mariscos y langostinos, acompañando el momento con bebidas de fermentos nobles que abren el paladar y los sentidos es un privilegio del cual ningún hijo de hombre se debería acostumbrar, exhorta como condición pisar esos suelos, “vino, mar y tierra”sigue siendo un triángulo perfecto que conjuga latitudes y el trabajo de su gente.

La experiencia de comer, beber y disfrutar en el lugar que le dio identidad a las comidas tal vez cuente con la bendición de Baco, esto de elevarnos el espíritu en un platillo y en una copa y que se impriman experiencias que nos acompañarán durante toda nuestra vida, mientras la memoria lo encuentre en ese casillero de lo placentero y lo devuelva a nuestra realidad así, como para volver a sentir, así como para recrear felicidades. Es, entonces, esto lo de “la experiencia gastronómica como codificador de momentos” lo que nos invita a coleccionar para guardar algo de eso que llaman las “alegrías de la vida”. Seguiremos armando valijas.

 

(*) La sommelier Andrea Maset es capacitadora en el Departamento de Capacitación y Formación Profesional de FEHGRA.

 

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