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Junto al mar

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A lo largo de los 1200 kilómetros de las playas de la Costa Atlántica, la diversidad de propuestas se multiplica, incluyendo desde actividades deportivas hasta planes gastronómicos.

Por Marysol Antón

Cuando la crisis económica local parece una mala noticia, los empresarios gastronómicos y hoteleros de la costa atlántica ven el otro lado de la moneda, la oportunidad de captar a turistas que habían tomado la costumbre de viajar al exterior durante sus vacaciones.

Por supuesto, el destino por excelencia es Mar del Plata, donde la oferta de actividades no cesa y abarca las 24 horas del día. Para los más deportistas lo ideal es arrancar bien temprano para agarrar las mejores olas con la tabla de surf. También están quienes optan por llegar a la playa con su esterilla y hacer los ejercicios de yoga mientras el mar aporta el arrullo de fondo.

Para quienes aman amanecer muy temprano y salir con la caña, nada como las excursiones de pesca mar adentro. Son salidas de unas 10 horas, pero se garantiza volver con una variada cantidad de especies. Además, en el precio suele estar incluido el equipamiento, los refrigerios y hasta las distintas carnadas según que pique haya.

Si el día está lluvioso, el Museo de Arte Contemporáneo de Mar del Plata es un lugar mágico. En  la avenida Camet y López de Gomara, este espacio tiene muestras itinerantes que se animan a una diversa temática. Por supuesto, el icónico lobo marido elaborado con 80 mil envoltorio de alfajores Havanna es un punto de encuentro y sólo verlo ya es una tentación para ir por un café.

En materia de comidas, el puerto es el lugar ideal. Allí es posible conseguir tanto la pesca del día como planificar una cena con los mejores platos a base de pescados y mariscos. Para los más chicos, ir allí siempre es divertido porque hay lobos marinos que los sorprenden.

Para vacacionar en familia hay opciones muy visitadas, como San Bernardo, Mar de Ajo y Villa Gesell. En esta última ciudad son los adolescentes los que marcan la agenda de sus padres. Ellos tienen allí la mejor oferta nocturna, con boliches que preparan sus pistas para recibirlos. Los más pequeños pueden asistir a talleres de origami o cerámica en el centro cultural que está en el centro del bosque original.

Cerquita de allí, Mar de las Pampas es ideal para descansar y alejarse de los ruidos. Los altos pinos que cubren de pinocha todo el suelo le dan al lugar una característica especial. Allí las actividades deportivas en la costa son el must: desde salir a correr hasta tomar clases de surf. También es posible salir a cabalgar por la playa al atardecer, una propuesta que conecta con la naturaleza y relaja. Justo al lado, en Mar Azul, la playa se llena de tablas que usan los que hacen sandboard. Por supuesto, siempre están quienes observan a estos deportistas con el mate y un churro en la mano.

En Mar de las Pampas son famosas sus casas de té, así como en Cariló y en Costa del Este. En sus salones no sólo hay una gran variedad de infusiones y cafés, sino también de tortas que incluyen desde las clásicas 100% chocolate hasta lemon pie, rogel y de frutillas. Lo importante es poder darse un gusto en vacaciones.

A pocos kilómetros de allí, Pinamar es el lugar elegido por los jóvenes. Atractivo por sus actividades nocturnas, es muy conocido por la gran cantidad de boliches para quienes disfrutan de bailar hasta que salga el sol. Luego, con el astro rey en lo alto del cielo, los turistas suelen apelar a la aventura de desafiar los médanos con cuatriciclos y 4×4. Este destino posee la particularidad de tener playas en las que es posible llegar hasta la arena con camioneta.

En el aire

Para los que disfrutan de estar en las alturas, en Mar del Tuyú es posible hacer parapente. Sólo escuchando el soplar del aire, volar con esta estructura permite ver las olas desde arriba, observando el vaivén del mar y hasta a la gente en la playa. Es un momento de placer, de contacto con uno mismo y la grandiosidad del océano, pues ver cómo el horizonte se sigue alejando da una perspectiva interesante.

Otro lugar ideal para adentrarse en el cielo es Miramar, donde su aeroclub propone vuelos de bautismo. Lo cierto es que si el día está despejado, muchos curiosos se acercan a averiguar los costos y ver si vencen sus miedos. La mayoría lo hace. Para ir relajando, el mate compartido con los instructores, más ver despegar y aterrizar a los aviones van calmando los nervios y ya en el hangar todo es distinto.

Abordar una avioneta es una sensación diferente a volar en un avión de línea, y vale la pena probarla. Dese la altura se puede tener una visión distinta de la ciudad, conocer su distribución y ver la importancia del mar para su actividad diaria, la social y la económica. Cada vuelo de bautismo dura unos 25 minutos, pero también se pueden contratar recorridos especiales a Balcarce, Mar del Plata y Necochea. Durante septiembre y octubre se realizan vuelos para poder avistar ballenas desde el aire.

Al Sur

Si se viaja hacia el  Sur, Bahía Blanca es una ciudad atractiva por su historia deportiva. Cuna del básquet en la Argentina, muchos fanáticos viajan a recorrer los clubes de donde salieron figuras como Emanuel Ginobili o Pepe Sánchez. Pero esta metrópolis también tiene un contacto con el mundo de la aviación naval, por eso cuenta con un museo que reúne fotografías y aeronaves. También, sobre la avenida Urquiza, un toque de color es el Paseo de las Esculturas, que define en parte la idiosincrasia de esta urbe.

Un deporte que está ganando seguidores es el kitesurf, pues combina a la perfección los vientos y el agua. Y si hablamos de ese binomio, el lugar indicado es Monte Hermoso. De playas tranquilas, esta localidad ha ganado movimiento gracias a los miles de jóvenes que se acercan. El kitesurf es un deporte de deslizamiento que consiste en el uso de una cometa de tracción que capta el viento y sostiene a quien la comanda, que por su parte se encuentra sostenido en una tabla tipo wakeboard.

En cambio, si lo que se busca es relajar el cuerpo, a 45 km de Necochea se pueden disfrutar de las termas en Médano Blanco. Se trata de un predio levantado en una estancia de 42 hectáreas de campo y bosque. La recepción es la vistosa casona que fue declarada de interés turístico, amalgamando la arquitectura de estilo con el toque moderno de la estructura que cubre las termas. Además, un lujoso spa complementa los servicios con propuestas como tratamientos antiestrés, gabinetes privados de agua termal, terapias naturales, masajes equilibrantes, tratamientos faciales, fangoterapia y circuitos hídricos que incluyen sauna, baño de vapor, salas con hidromasaje y ducha escocesa.

Otra localidad que cuenta con un complejo de termas es San Clemente del Tuyú. Fueron las primeras en instalarse en la costa y por eso se transformaron en un clásico para quienes buscan el agua con temperaturas tibias y altas. Su gran ventaja es que están a sólo 5 kilómetros de la ciudad.

Las opciones son numerosas y tienen en cuenta a todos los miembros de la familia, por eso la costa atlántica siempre está entre los destinos favoritos para vacacionar.

Runners

Mar del Plata es la ciudad donde los runners se sienten cómodos, pues tiene una gran agenda de maratones y hasta triatlones (se acaba de correr allí el Ironman completo). Allí la tercera semana de enero se corre los 10k Open Sports, una prueba de calle que convoca a más de 100 participantes, locales y turistas.

Otro destino es Pinamar, que cada año les exige a los corredores en su competencia por los médanos. Se trata de la Maratón del desierto, una competencia que pone a prueba a los corredores, pues deben atravesar un recorrido con condiciones climáticas adversas por el calor y la arena es un terreno que le demanda mucho esfuerzo al cuerpo.

También hay competencias nocturnas, como Gesell corre de noche, que se realiza la tercera semana de enero. La largada es a las 21 desde el Club de Playa Eliseo, y el circuito es completamente de arena, incluyendo los médanos, y el rugir del mar. Esta carrera tiene tres versiones: 6k para los competidores, 3k que son participativos y 1k que es la edición kids.

Iluminar el camino

Unos 30 kilómetros al sur de Villa Gesell está la Reserva Natural Municipal Faro Querandí. Se trata de unas 5.757 hectáreas de dunas vivas que son hogar de una gran biodiversidad. Es un lugar ideal para visitar, entrar en el ritmo de la naturaleza y dejarse llevar.

Para recorrer los 30 kilómetros hay varias opciones, elegir una dependerá de cuán atrevido sea el turista. Los amantes de los motores sin dudas optarán por hacerlos en camionetas 4×4, los que prefieren lo natural pueden cabalgar y los más clásicos seguramente preferirán los antiguos camiones militares. Ahora, si tienen vehículo propio, incluso pueden llegar al faro desde la playa.

Los que se animan a las camionetas 4×4 tienen que saber que harán un camino impactante: mientras se avanza por la arena –por momentos firme, otros más volátil– de un lado se elevan las dunas, con su vegetación natural y con la vida que decenas de pájaros le impregnan al levantar vuelo. Hacia el otro costado, el mar despliega su vaivén con elegante presencia.

En el lugar también se pueden hacer otras actividades, como deslizarse en tablas por las dunas. Otros pueden jugar a ser intrépidos caminando por el bosque. Lo cierto es que al atravesarlos impactan en la mirada las rayas blancas y azules del faro, que con su altura se vuelve impresionante. Con 54 metros, es el segundo más alto de la provincia de Buenos Aires.

La entrada es libre y gratuita pero sólo se puede acceder a la base, visitar el pequeño museo que alberga y observar la su hipnótica escalera caracol.

 

 

 

 

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