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Turismo aventura: sube la adrenalina

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Rappel, montañismo, carrovelismo, canyoning, puenting… Todas las regiones de la Argentina ofrecen opciones para los intrépidos y para quienes desean poner a prueba sus habilidades.

Por Marysol Antón

La Argentina tiene todos los climas, un relieve extremadamente variado y atractivos turísticos en todas sus regiones. Este combo la vuelve ideal para los deportes extremos, pues es posible desde esquiar en los meses de invernales, hacer parapente en el noroeste, animarse a los rápidos de la Patagonia, internarse en la selva en un trekking de aventura, hasta  subirse a la tabla de surf y desafiar las olas del mar. Por todo esto, los amantes de la adrenalina pueden empezar a armar sus itinerarios para los próximos meses.

Sin dudas, cuando uno piensa en deportes extremos, lo primero que se le suele venir a la mente es la Patagonia. Quizá por sus condiciones climáticas y  sus paisajes de cortes profundos. Además, porque en El Calafate está una de las odiseas más emblemáticas del trekking: subirse al glaciar Perito Moreno con grampones metálicos y dar pequeños pasos sobre ese gigante de hielo. Durante unas dos horas, los turistas podrán desafiar a las grietas, observar las tonalidades del hielo, apreciar sus cambios de texturas, dejarse cautivar por la masa helada que sigue sorprendiendo por su continuo movimiento.

También en Santa Cruz es posible vivenciar la grandiosidad de la naturaleza. Pero esta vez no es en la superficie, sino en las profundidades. Se trata de la espeleología, que permite adentrarse en cuevas y conocer parte del pasado, como en la Cueva de las Manos, la más célebre de toda América. Estos sitios fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Quienes quieran todavía más adrenalina, deberán seguir bajando hasta Tierra del Fuego. Allí están la cueva Gardiner, solo para aventureros intrépidos. Fría y oscura, fue el refugio de más de un marinero que allí se albergó luego de haber naufragado, mientras esperaba ser rescatado (como el que le dio su apellido, por ejemplo, aunque no tuvo la suerte de ser encontrado a tiempo). El acceso es complicado, pues está ubicada sobre la costa, en el extremo oriental de la isla Grande.

La cordillera, la gran posibilitadora

Como en casi todas las oportunidades, la cordillera de los Andes es el gran escenario para vivir las mejores aventuras. En ella es posible: desde escalar, hasta realizar trekkings. Una de las actividades más románticas para hacer es subirse a un globo aerostático y apreciar desde las alturas los valles, los animales pastando y  el paisaje imponente desde otra perspectiva. Para esto es necesario ir a Mendoza, donde los vientos son ideales para que el globo se deslice lenta y gradualmente.

No es exactamente en la cordillera, pero su presencia cercana es un gran testigo de la adrenalina que genera atreverse a recorrer los rápidos del río Atuel, también en Mendoza, en la localidad de San Rafael. Este serpenteante y movido cauce de agua está calificado como de grado 2, lo que refiere a su dificultad (el rango va de 1 a 6, de más fácil a más difícil), por lo que se considera que es posible ir con la familia. Para atreverse, es imperioso respetar todas las medidas de seguridad: llevar salvavidas, casco y cobertores impermeables de ropa. Los intrépidos pueden subirse a los gomones en los que pueden entrar hasta 10 pasajeros. Es importante tener en cuenta que deberán agarrarse y viajar concentrados durante lo que dure el desafío.

En la región de la Puna, las dunas de arena atraen a los más jóvenes. Allí ellos encuentran las pendientes más emocionantes para practicar Sandboard. En Jujuy, localidades como Abra Pampa, Yacoraite, Juella, Susques, Taire y El Moreno han ganado notoriedad y son punto de encuentro para quienes gustan deslizarse sobre la arena. Si la idea es ir y probar un poco la actividad, en la zona se alquilan tablas y parte del equipamiento.

A puro motor

Quienes adoran sentir el rugir de los motores, tienen múltiples actividades para realizar en la Argentina. Si aman el riesgo, no pueden dejar de visitar la región vital del rally: Córdoba. En la provincia mediterránea es posible ser desde un mero espectador (aunque sabemos que quienes están cerca de las pistas demuestran su osadía), hasta acercarse y probar las rutas que los corredores ya han desafiado. Esto es sólo para ases al volante.

En Buenos aires, también hay opciones motorizadas. En Tandil, además de degustar los mejores salames de la provincia, es posible ir por las sierras haciendo gala de las habilidades al volante de los cuatriciclos. En laderas, valles y en la base, existen senderos que atraviesan los montes y permiten tener un contacto con la vegetación y la fauna autóctona.

Por su parte, la Patagonia ofrece numerosas atracciones para recorrer en camionetas 4×4. Una de las rutas más llamativas está en El Calafate, donde es posible poner a prueba la resistencia del vehículo y las características de los conductores. Durante estas travesías, es posible ir ganando altura (se llega hasta los 600 metros) y tener vistas panorámicas de hitos naturales como: el Lago Argentino, el Río Santa Cruz, Brazo Rico, Boca del Diablo y el Cerro Chaltén.

Sobre ruedas, pero pedaleando, también hay numerosas rutas para recorrer. En el Litoral, nada como desafiar los senderos de la reserva de Biósfera del Moconá, donde la densidad de la vegetación protege del calor extremo del verano y es posible descubrir gran parte de la fauna autóctona escondida. Un detalle: para tener mejores experiencias, lo ideal es acercarse a la vera de los ríos, detenerse a hidratarse y observar el cielo, pues no es raro ver a los tucanes en vuelos majestuosos.

También en bicicleta es posible conocer de cerca Tafí del Valle, en Tucumán, que es considerada la capital del Mountain Bike. La ondulante geografía del norte argentino, con llanuras, cumbres, cerros y valles, es como una gran pista donde la naturaleza hace gala de todas las dificultades que nos puede plantear. Como en todo destino, hay todo tipo de niveles de recorridos, que van desde los más fáciles para principiantes, hasta los extremos donde solo los más avezados pueden adentrarse.

Combinando la fuerza del viento, las ruedas pueden traer nuevos desafíos. En este caso el del carrovelismo, un deporte que tiene su lugar ideal en San Juan, en la Pampa del Leoncito. ¿En qué consiste? Se trata de autos de tres ruedas y con velas que les permiten ser impulsados por las corrientes de aire. Esta pista, a 1700 metros sobre el nivel del mar, es una planicie arcillosa con 14 kilómetros de largo y con la particularidad de tener viento constante.

Nuevas sensaciones

Quien busque ejercitarse y también tener un contacto muy profundo con la naturaleza,  tiene que probar ir en kayak por el Río Paraná. Sin importar a qué altura del Litoral uno se embarque, seguramente la experiencia será encantadora. Mientras en Misiones uno puede contactar la selva verde y vibrante, más hacia el Sur uno se puede acercar a los Esteros del Iberá, ya en Corrientes.

Si la propuesta es disfrutar del agua, también se puede ir más profundo y optar por el buceo. La Argentina tiene grandes posibilidades en este sentido: desde adentrarse en los secretos del Nahuel Huapi, hasta descubrir el bosque sumergido de Villa Traful. Para quienes aman encontrarse cara a cara con la fauna de la región, deben optar por Puerto Madryn y nadar junto a los lobos marinos.

Por último, los montañistas ya los conocen, pero saben que son los clásicos que continuamente presentan más y más dificultades. Los que buscan hacer cumbres famosas, no pueden dejar de probar el ascenso al Monte Pissis (que es uno de los volcanes más grande del mundo), en Tinogasta, Catamarca; subir al Lanín, en Neuquén, y llegar a la cima del Aconcagua, el rey de América.

La diversidad caracteriza a nuestro país, y esto mismo se replica en la abundancia de deportes extremos. Los hay para todos los gustos y niveles, solo hay que animarse.

Colgando en la altura

Hay distintos deportes extremos en los que las cuerdas son uno de los principales componentes. Uno de ellos es el rappel, que consiste en descender por una pared rocosa (debe ser lo más llana posible o sin salientes) dando pequeños saltos y agarrándose fuertemente del arnés y la soga. Hay quienes le agregan complejidad y eligen escenarios bañados por agua que salen de pequeñas aberturas en la roca, formando cascadas.

Para quienes quieran probar esta sensación de dejarse caer, pueden visitar Villa Carlos Paz. Allí, en el cerro Los Gigantes, hay un entorno ideal para demostrar la fuerza de los brazos y las piernas. Como este cerro tiene más de dos mil metros de altura, allí también es posible combinar el rappel con la escalada. Es un escenario muy apto para entrenar.

Otra actividad que se hace en altura es el canopy, lo que algunos conocen como tirolesa. El desafío acá es con uno mismo, pues la estructura de cables y la diferencia de altura hacen el trabajo por uno. Sin embargo, estar pendido a velocidad entre las copas de los árboles o atravesando el cañón de un río puede ser suficiente reto para muchos. En Mendoza está uno de los lugares más buscados para esta práctica: Potrerillos. Quienes llegan a esta localidad soñada se atreven a hacer tramos de casi 15.000 metros de largo para cruzar  el río Mendoza o desplazarse entre las montañas. Cada persona debe tener sus guantes, casco y arnés.

Es importante, en todas estas actividades, seguir cada indicación de seguridad y permitir el chequeo de todo el equipo.

Con el aire en la cara

Poder volar es una de las sensaciones con las que el ser humano sueña (y algunos le temen): dejarse sostener por el aire, apreciar el paisaje desde la altura, disfrutar del silencio y del arrullo de la brisa. Todo eso es posible si uno se anima a probar un salto en parapente. Y en la Argentina está el mejor lugar de Sudamérica para hacerlo: Loma Bola, en Tucumán. A solo 15 minutos de la capital provincial este espacio es perfecto, pues tiene las condiciones perfectas para volar y no es necesario contar con experiencia previa, pues se puede optar por la opción biplaza, con acompañante.

Solo para atrevidos

A unos 300 kilómetros de la capital porteña, se puede vivir un día 100% extremo. Y hasta se podría decir que la adrenalina estará por las nubes, porque precisamente entre ellas inicia la aventura.

En Tandil, sí esta ciudad esconde muchas sorpresas y actividades, se puede realizar un salto de bautismo en paracaídas. Allí, todos los fines de semana, se acercan aficionados para probar su valentía al arrojarse desde un avión a 3000 metros de altura.

Obviamente que para llegar a hacer esto es necesario tomar algunas clases antes y la primera vez que uno se lanza desde el avión, lo hace en un paracaídas biplaza, acompañado por el instructor. La velocidad máxima que se alcanza en el descenso es de 200 km por hora, hasta que a los 1500 metros de altura se debe abrir el paracaídas, lo que aminora la caída y se puede observar tranquilamente el paisaje serrano.

Para quienes quieran hacer una prueba previa, pueden probar el puenting, que es la versión local del bungee jumping. En la Argentina se puede hacer en Cacheuta (Mendoza) y en el Dique Cabra Corral (Salta).

Poner a prueba la destreza física

Quienes sostengan que tienen habilidades para nadar, escalar y hacer trekking, entonces pueden probar el canyoning. ¿De qué se trata? De una práctica que requiere saber muy bien de todas estas disciplinas, pues se deberán atravesar distintos terrenos y deslizarse por piletones, cañadones y rápidos sin ningún equipamiento que ayude en la flotabilidad.

En Bariloche se realizan jornadas de canyoning que incluyen saltos desde trampolines naturales, cruces de ríos y rappeles con cascadas que dificultan el descenso. Para arrancar, los expertos aseguran que la cascada del Arroyo de la Virgen es perfecta. Allí la rutina arranca a pie, acompañados por sogas que ayudan en determinados tramos para arribar al punto del salto. Abajo, un enorme piletón no permite resistir el impulso de zambullirse.

Los momentos más emocionantes son cuando uno se deja trasladar por el agua, que va guiando al cuerpo, a través de añosos toboganes de piedras perfectamente erosionadas.

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