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El verano vibra en toda Argentina

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La temporada estival marca uno de los momentos más fuertes del año en todos los puntos cardinales. Cada destino con su personalidad ofrece lo mejor para atraer a los turistas.

Por Marysol Antón

Foto: Turismo Salta / Céline Frers

En verano, la Argentina seduce en cada región porque se potencian la naturaleza con las opciones de vivir experiencias desafiantes; la gastronomía con la amabilidad de sus lugareños y el excelente servicio en la amplia gama de alojamientos hoteleros; las aventuras con los grandes momentos de relax y placer. Así se vive el verano en nuestro suelo.

Claro está que, si vamos a hablar de la temporada estival, la postal que se presenta enseguida en la memoria es la de las olas rompiendo contra alguna escollera. Y en ese sentido, la costa argentina tiene destinos para todas las necesidades. Así, si la idea es ir en familia, buscando unas vacaciones animadas y tranquilas al mismo tiempo, Villa Gesell surge como la opción indicada. Fundada por Carlos Gesell (el viejo Gesell para los asiduos visitantes), esta localidad está formada por simples médanos y hoy tiene dentro de su estructura algunos de los balnearios más importantes. Aún es posible visitar la casa de este aventurero, rodeada de bosque nativo. Allí también hay un centro cultural, muy interesante para chequear agenda y anotarse en distintas actividades. Sus tradicionales casas de té se potencian con sus vecinas de Mar de las Pampas. Para los días en los que el sol es abrasador, las playas son anchas, con espacio para quienes aman bajar a la arena nutridos de muchos accesorios, incluyendo carpa y sombrillas.

A pocos kilómetros de allí, Pinamar siempre está entre los más elegidos. Atractivo por sus actividades diurnas, también es muy conocido por la gran cantidad de boliches para jóvenes y adultos que disfrutan de bailar hasta que salga el sol. Luego, con el astro rey en lo alto del cielo, los turistas suelen apelar a la aventura de desafiar los médanos con cuatriciclos y 4×4. Este destino posee la particularidad de tener playas a las que es posible llegar con camioneta. Para los runners, imposible perderse la carrera en la arena que pone a prueba la resistencia y los músculos de todos los participantes.

Unos metros arriba
En el centro del país, Córdoba presenta las primeras opciones elevadas para hacer turismo. Allí, las altas cumbres del Valle de Calamuchita funcionan casi como un imán para quienes esperan descansar al 100%. Uno de los destinos más buscados para eso es La Cumbrecita. Dueña de un encanto particular, sus orígenes mezclan las culturas criolla y europea, detalle que se palpa en la arquitectura del lugar. Esto se ve en la capilla, en lo más alto del pueblo, con una estructura andina y gran predominancia de la madera, o en el castillo, casa que tiene más de 70 años de historia y cuenta la vida de uno de los vecinos emblemáticos e históricos de esta villa.

Foto: Agencia Córdoba Turismo

Por supuesto, la naturaleza está presente, sin importar el punto cardinal hacia donde se mire. Cabalgatas, caminatas y senderismo son actividades que se imponen en la ideología de los habitantes de esta pequeña urbe. Y los que aman el agua, pueden disfrutar de La Cascada, una caída de 14 metros de altura que se produce gracias a la pericia del arroyo Almbach que se abre paso en medio de una gran quebrada. Allí se forma una ollita, muy visitada en verano, al igual que La Olla, el balneario por excelencia de la zona. Esta gran pileta natural de agua dulce está rodeada de un bosque de coníferas y rocas, que genera un paisaje paradisíaco. Un poco más allá, caminando hacia el norte, el visitante se encuentra con el bosque de abedules, el espacio perfecto para una tarde de relajación. Tanta actividad merece una recompensa: esta puede pagarse en la gran variedad de bares y restaurantes que ofrecen desde cerveza artesanal y pastelería casera hasta platos alemanes, asado, chivitos y más.

Foto: Esteban Widnicky

Otro punto de interés de la provincia mediterránea es Capilla del Monte. Esta localidad ha acaparado fama por ser la poseedora del Cerro Uritorco, prominencia en la que, aseguran, los OVNIs son también asiduos visitantes. Con un centro pequeño, que incluye una calle techada, la naturaleza se vuelve atractiva alrededor del pueblo, donde los ríos son los congregantes de las familias.

En Traslasierras, Nono combina a la perfección la tranquilidad de un pueblo del interior con la posibilidad de hacer turismo aventura. Así, es posible conocer todos sus puntos viajando en cuatriciclo, a caballo, en mountain bike o apelando a la destreza del trekking. Para quienes necesitan más adrenalina, esta zona es especial para hacer parapente y poder ver la grandeza de las sierras y sus valles desde la altura. Si, en cambio, buscan meter las botas en el agua, esta región cuenta con un excelente pique para practicar pesca deportiva.

Más calor, más belleza

En el NEA, la temperatura parece pegarse a la piel, pero la exuberancia de la naturaleza es tanta que uno deja de registrarla apenas conecta con el entorno. Si bien el destino más convocante de Misiones son las Cataratas de Iguazú, existe otro foco de atracción imperdible: los saltos del Moconá. Al llegar allí el verde se hace profundo, casi impenetrable. Solo los senderos y los cauces del arroyo Yabotí y del río Uruguay permiten ampliar un poco el horizonte. En plena selva atlántica (de la que solo queda el 7% del lado argentino y casi nada del brasilero), está la Reserva de la Biósfera Yabotí, una de las áreas protegidas más grandes de la provincia, que fue creada en 1995 y forma parte del programa “El hombre y la biósfera de la Unesco”. Para ir a conocer los famosos saltos, es necesario embarcarse y recorrer el río Uruguay hasta llegar a la falla que tiene una longitud de unos 3 kilómetros en forma paralela al cauce. Lo más divertido: dejarse mojar por el agua.

Un poco al sur, en Entre Ríos, las termas de Federación son el espacio indicado para renovarse. Su parque acuático es la gran atracción. Ideal para ir con niños, sus piscinas tienen simuladores de olas y hasta es posible subirse a gomones para disfrutar del vaivén. Otra alternativa es ir a pasar un fin de semana de campo, con el típico asador en cruz como punto álgido de la velada.

Foto: Casa de Entre Ríos

En la misma provincia, Gualeguaychú es la reina del carnaval. Todos los veranos su corsódromo convoca a miles de visitantes durante los sábados. Son tres las comparsas que, con un año de preparación previa, impactan visualmente al público. Música, vestuarios y coreografías aceitadas componen esta fiesta popular que se complementa con tardes a la vera del río, mate en mano y bizcochitos sobre el mantel.

Siguiendo con el clima festivo, la cultura de Jujuy se expresa en sus carnavales. En la región de la Puna, con epicentro en Tilcara, se da inicio a esta celebración ancestral que comienza cuando se desentierra el diablo del carnaval, un pequeño muñeco (pucllay) que imita a un diablo y que simboliza al sol, quien para los locales es el encargado de fecundar a la Pachamama, la madre tierra. Alegría y diversión son el eje de estos días.


En Capital también
La ciudad invita a descubrir pequeños y escondidos rincones, donde es posible disfrutar de camastros rodeados de glicinas, a veces con la posibilidad de darse un chapuzón y otras con la maravillosa y tentadora experiencia de probar nuevos tragos. Así, algunos de los grandes hoteles cinco estrellas de esta metrópolis son un clásico, no solo por su nombre, sino también por los jardines que incluso preceden a la fama de la marca. Estos ofrecen atardeceres urbanos acompañados de novedosos tragos y brunchs perfectamente amalgamados. Para los más clásicos, las copas de vino son una opción perfecta.

Claro está que todo porteño se ufana de la larga tradición que tiene unir el café y la amistad. Así, en barrios como Palermo, San Telmo, Recoleta y Belgrano es fácil descubrir cafeterías y casas de té que combinan las mejores delicias, los más humeantes pocillos y rincones verdes que permiten bajar la temperatura en cualquier momento del día.

En cuanto a piletas, están desde las convocantes de los clubes y parques recreativos, hasta las más exclusivas de distintos spas que ofrecen complementar los tratamientos relajantes con un pase por el agua refrescante. Dentro de las primeras opciones, algunos balnearios y centros municipales ofrecen también actividades extra como: clases de rollers, colonia para los más pequeños, circuitos de ciclismo (para expertos y principiantes), espacios verdes para jugar y descansar, y hasta parrillas para planificar el asado del fin de semana.


Una copa, una experiencia

En Salta empieza el contacto con la tradición vitivinícola. La uva fue introducida por los Jesuitas en el siglo XVIII en una de las regiones más ricas de la provincia: los Valles Calchaquíes. En la zona los viñedos se extienden por más de 3200 hectáreas entre los departamentos de Cafayate, San Carlos, Angastaco, Molinos y Cachi. Una excursión imperdible es tomar las visitas guiadas que las distintas bodegas —las industrializadas, las boutiques y las artesanales— ofrecen por sus establecimientos y viñas. Una oferta de alojamiento y gastronomía regional de alta calidad permite disfrutar del enoturismo en un entorno perfecto. Esto se amalgama con los sabores de una tierra ancestral donde también se destaca, cada vez más, la cocina de autor.

Yendo a la provincia de Mendoza, la ruta del vino se vuelve un atractivo inigualable. Finalizando febrero, se despliega la magia en la Fiesta de la Vendimia, donde, no solo se puede disfrutar de distintas bandas y shows que muestran sus talentos desde el escenario, sino también es posible anotarse para ir a cosechar en los distintos viñedos, palpando así la realidad de una industria con gran empuje en la última década. Además, uno puede catar nuevas variedades o cortes.

 

Foto: Esteban Widnicky

Ya en la cordillera, es posible ir tras los pasos de los pueblos originarios del oeste y llegar al Cristo Redentor a través del Puente del Inca. Esta experiencia se pensó para hacerla en un día, y es ideal para quienes aman ir por caminos de montaña, girando el volante hacia un lado y el otro, según marque el curso. Es una vivencia especial para llenar los pulmones de puro aire cordillerano. Esta travesía comienza a 38 kilómetros de la capital mendocina, en Cacheuta, donde la precordillera empieza a dar pistas de lo que vendrá. Uno atraviesa Potrerillos, los Vallecitos y hasta Uspallata, por donde San Martín cruzó a Chile. Finalmente se llega al Puente del Inca, una formación geológica que se generó por la erosión térmica de las aguas sulfurosas del río Cuevas. Su color rojo amarillo es la característica que lo vuelve tan atractivo. Allí también se puede ver parte de lo que fue un hotel termal (destruido tiempo atrás por un alud) y tres piletones naturales de agua termal.

Siguiendo con el paisaje cordillerano, en San Luis, Potrero de los Funes ofrece un microclima especial para relajarse. Allí es posible ir a conocer los distintos cerros, practicar trekking, hacer picnics (sí, claro, con mate) y hasta buscar los rincones de agua como el Salto de la Moneda. Todo conjugado con la amabilidad de un pueblo que está acostumbrado a recibir visitantes.

Patagonia estival

Foto: Efraín Dávila

Finalmente, el Sur no podía faltar en una guía sobre los mejores destinos para disfrutar el verano. Quienes desean conocer Ushuaia en esta época encontrarán que los días son muy largos. El 21 de diciembre apenas si se esconde el sol, que mantiene una claridad en el horizonte. La “noche” ese día dura pocas horas. Por otra parte, la ciudad tiene paisajes icónicos; es el único destino donde las laderas montañosas se hunden en el mar. La Patagonia tiene muchos lugares paradisíacos: El Bolsón y Las Grutas, en Río Negro, son dos destinos para encontrar paisajes abiertos, compañeros de travesías y días de mucha libertad.

 

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