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Un paseo por las entrañas de la Provincia

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Carlos Keen es un pequeño pueblo bonaerense que pudo haberse detenido en el tiempo. Pero no, sus pobladores, con tremendo esfuerzo, lo convirtieron en un polo turístico y gastronómico.

Pulperías, restaurantes con comidas típicas, artesanías, gauchos que se pasean por el pueblo, gente linda, educada y simpática, son solo algunas de las cosas que el viajero encontrará en este pueblo de la provincia de Buenos Aires, a 16 kilómetros de Luján. Porque Carlos Keen es eso y mucho más.

Quiso el cierre del ferrocarril que la vida productiva en el pueblo comenzara a languidecer hasta que se pensó que el encanto estaba perdido. Pero los detractores y pesimistas no pudieron con la pujanza de los vecinos de Keen: se reunieron, apostaron, remodelaron, crearon cines al aire libre, invitaron a que se invirtiera en turismo y, hoy, aquel pueblo casi desierto se convirtió en un lugar de peregrinaje para los amantes de las viejas costumbres, el buen comer, los hombres de campo y la tranquilidad. Tanto, que muchos turistas extranjeros se dan cita semana a semana.

Y no solo ellos: el pueblo se transformó varias veces en un set de filmación. Se ha rodado, por ejemplo, la serie televisiva de excelente crítica Vidas robadas, y fue escenario del concierto de Rock Konex.

“Es un pueblito que resurgió por el esfuerzo y empeño de sus pobladores”, dice la página oficial. Y sigue: “Es un lugar para tener en cuenta para una escapada de fin de semana o para pasar un día para desenchufarse o para quizás irse a vivir allí”.

El tren tiene una relación directa con la fundación del pueblo de Carlos Keen, dado que fue parte de la construcción del ramal que unió a Luján con Pergamino a fines del siglo XIX. El lugar fue luminoso mientras los convoyes circularon por sus vías, pero con el cierre de los ramales, la población migró hacia otros horizontes y Carlos Keen parecía que iba camino a convertirse en un pueblo sin demasiada actividad.

Sin embargo, algunos de los vecinos que se quedaron, sumados a otros nuevos que llegaron en los últimos años con ganas de prosperar, le dieron un nuevo empuje al pueblo, rescatando parte de su patrimonio histórico, reorientando las actividades como centro turístico y desarrollando nuevos emprendimientos no tradicionales, como, por ejemplo, una pequeña planta productora de cultivo de hongos y los varios restaurantes, que lo convierten en un polo gastronómico.

Así las cosas, todos los fines de semana es posible ver familias completas recorriendo sus calles y degustando platos tradicionales y otros gourmet, en un contexto de paz y tranquilidad incomparables.

Los datos actuales dicen que Carlos Keen es ahora un apacible pueblo ideal para pasar un fin de semana de descanso o un domingo de paseo. Dispone de varios restaurantes con menús accesibles y variados. Se encuentra a solo 83 km de Buenos Aires y se puede llegar muy fácilmente a través del acceso Oeste.

Para recomendar
Los viajeros tienen que ir munidos de varias cosas a este pueblo soñado: ganas de caminar, de degustar cosas ricas, con cámaras fotográficas o filmadoras porque seguro hay cosas que no se ven en cualquier lugar; como esos paisanos paseando por el pueblo a caballo, ya que así es la vida del hombre del campo. Y seguro parará en alguno de los almacenes de campo a comprar vituallas para la semana.

Es posible disfrutar de una arquitectura colonial en el centro o de casas antiguas con frentes de ladrillos, el andar lento y la comida casera.

Alrededor de la estación se despliega una enorme oferta gastronómica. Tan variados y ricos son los platos (y accesibles para todos los bolsillos) que algunos fines de semana hay que esperar un “ratito”, como dicen los lugareños, siempre disfrutando de un buen aperitivo.

En la actualidad viven en el casco urbano alrededor de 400 almas, pero los fines de semana se triplica la cantidad de gente. Y hay que ver cómo se pelean los citadinos para estacionar lo más cerca posible del centro, cuando la idea es caminar, y caminar, y caminar…

Lo que el viajero tiene que saber es que en 2007 la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos declaró “Bien de Interés Histórico Nacional” a un sector de la traza urbana de Carlos Keen en reconocimiento de su calidad de poblado histórico.

Así, aquella aldea casi destinada a desaparecer se volvió un polo pujante de turismo que no para de crecer.

Hoy, aquel pueblo casi fantasma se convirtió en un lugar de peregrinaje para los amantes de las viejas costumbres, el buen comer, los gauchos y la tranquilidad.

 

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