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El principio de buena fe

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La ley obliga a empleadores y trabajadores a obrar de buena fe durante la celebración del contrato, e incluso más allá de su extinción.

Por el doctor Iván D. Posse Molina (*)

Las relaciones laborales entre empleadores y trabajadores se rigen fundamentalmente por la Ley de Contrato de Trabajo (LCT). En su texto se determinan obligaciones y deberes de cada parte. Pero toda norma legal se integra con su interpretación y, precisamente, en tal aspecto, es fundamental la aplicación de “principios” que legitiman el propio proceso interpretativo.

La buena fe

La comentada ley “madre” del trabajo consagra en el artículo 63 la obligación de ambas partes “…a obrar de buena fe, ajustando su conducta a lo que es propio de un buen empleador y de un buen trabajador…”, y lo extiende, no solo a la celebración del contrato, sino a su ejecución y más allá, a su extinción.

Definiciones

¿Qué se entiende por “buena fe”? Siguiendo a Jorge Rodríguez Mancini, especialista en derecho del trabajo, podemos definirla como “…una convicción íntima, de conciencia (aspecto subjetivo) que se debe traducir en un “actuar sincero, leal, veraz, honesto de acuerdo con la conciencia social media (aspecto objetivo), LCT, Tomo II, página 705.

Así entendido, la buena fe no es una norma jurídica específica, individual, referida a un determinado obrar, sino el principio rector interpretativo de todo el plexo jurídico que menta la Ley de Contrato de Trabajo.

Etiología

En el Derecho Romano, aunque no estaba mencionado en cada instituto de su extendida codificación, ya se lo incluyó como precepto de la propia vida jurídica: “…estilo llano, verdad sabida y buena fe guardada” (Domicio Ulpiano, jurista romano de origen fenicio). En principio, Dalmacio Vélez Sarsfield no lo incorporó a su monumento jurídico, pero la reforma de 1968 lo insertó expresamente en el artículo 1198, y lo propio se reflejó en la Ley de Sociedades Comerciales (artículo 59, Ley 19550). Parece un concepto abstracto, pero “…en el contrato de trabajo, tiene una significación muy superior a la que puede tener un contrato que se agota en una interpretación única de prestaciones…” (Américo Plá Rodríguez, Los principios del derecho del trabajo, página 309). O como dice Carlos Etala: “El deber de buena fe envuelve todo el contrato de trabajo” (El Contrato de Trabajo, página 149).

Casuística

La jurisprudencia nos brinda numerosos casos donde la aplicación del principio de buena fe ha sido determinante a la hora de resolver un conflicto.

  • Lesiona el principio de buena fe el trabajador que en su ficha de ingreso omite informar que fue exonerado de la Policía Federal por irregularidades en su obligación de vigilancia, precisamente cuando es contratado para una tarea análoga (CNT, Sala V, 21/9/1968, Caprile, H. c/Mercedes Benz).
  • Es sancionable bajo el principio de buena fe el contratado como conductor de vehículo, que oculta su “daltonismo”, el cual obvió al obtener un registro habilitante en forma irregular (CNT, Sala VI, 29/4/77 – LT XXV- 825).
  • El trabajador que altera su denuncia de domicilio real para dificultar las notificaciones de su empleador infringe el principio de buena fe (CNT, Sala VII – 19/9/89, Ibarra Bobadilla c/Pujol, D.T. -1990-A-69).
  • El empleador lesiona dicho principio cuando no cumple adecuada y razonablemente con la obligación de observar las reglas sobre higiene y seguridad del trabajador (LLBA – 2001-1490).

Colofón

La casuística que se refiere a la aplicación de tan mentado principio es extensa, pero en general aplicable a todos y cada uno de los compromisos y obligaciones de contrato de trabajo. Debe tenerse en cuenta que la mentada buena fe rige, tanto para el trabajador, como para el empleador.


(*) Iván D. Posse Molina es abogado del Estudio Jurídico Posse Molina. Es también Asesor de FEHGRA.

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