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Destinos Inteligentes

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Para la autora de esta nota, la innovación, la sostenibilidad, la tecnología y la accesibilidad son los cuatro pilares de los Destinos Turísticos Inteligentes.

Por Mg. María Lucila Salessi (*)

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El marco del Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo 2017, una cruzada global liderada por la Organización Mundial del Turismo (OMT), constituye un incentivo para fomentar un acuerdo social y político que promueva iniciativas, inversiones y acciones gubernamentales conducentes al desarrollo y a la lucha contra la pobreza. En este sentido, los Destinos Turísticos Inteligentes (DTI) deberán fomentar un espacio de diálogo que convoque a la totalidad de actores que conforman el sistema turístico, abogando por la construcción de espacios urbanos de convivencia y respeto entre turistas y residentes.

En este contexto, las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) constituyen un dispositivo fundamental para la actividad turística en lo que se refiere al intercambio de información y de conocimiento, como así también para el desarrollo de aplicaciones y de metodologías que aseguren el avance de prácticas más sostenibles, específicamente, en el sector hotelero y gastronómico.

¿Qué debe tener?

El concepto de destino turístico inteligente es emergente y, por lo tanto, se encuentra sujeto a constante revisión y discusión en distintos ámbitos académicos y profesionales. Así, dependiendo del grado de desarrollo, voluntad de cambio y reforma para vencer su propia inercia, un destino turístico inteligente puede entenderse y variar de una comunidad a otra y de un país a otro. Un conglomerado urbano que se precie de entenderse como inteligente deberá consensuar y legitimar prácticas entre turistas y residentes de diversa índole: ambiental, social y económica. Entre los principales componentes o dimensiones que conforman una ciudad inteligente, podemos mencionar la provisión y facilitación de datos abiertos en forma pública y compartida, la conectividad de dispositivos a una plataforma tecnológica que asegure la integración e interoperabilidad, el análisis de datos que, por sus grandes volúmenes, requieran técnicas especiales de Big Data para ser transformados en información y conocimiento, la oferta de aplicaciones móviles y la habilitación de canales de participación e innovación ciudadana que generen espacios de diálogo y discusión a través de redes sociales. Entendemos que es relevante contar con dichas aplicaciones, ya que facilitan el uso digital y actualizado de una gran variedad de prestaciones de servicios turísticos: alojamiento, transporte y conectividad local-regional, recreación, restauración, planta turística, gestión de la información e interpretación pública, digitalización de la oferta cultural, geolocalización, información sanitaria, climática, económica-financiera, etcétera. Una última dimensión se asocia al Internet de las Cosas que se traduce operativamente en una plataforma tecnológica en la cual se despliegan sensores, cámaras y dispositivos que permiten desarrollar sistemas de información al ciudadano (horarios de arribo de transporte y su intermodalidad, gestión eficiente de los residuos, sistemas de monitoreo de tránsito, alumbrado y limpieza en la vía pública, prácticas de consumo eco-eficiente, etc.), todo lo cual redunda en una mejor disposición del espacio urbano, facilitando y generando mayores oportunidades de desarrollo y calidad de vida.

Un destino turístico innovador que garantiza el desarrollo sostenible e inclusivo de su territorio, que se sostiene en un soporte tecnológico de vanguardia, que es accesible y facilita la interacción del viajero con su entorno en un ambiente limpio y sostenible y que, además, potencia e incrementa la calidad de la experiencia y encuentro turístico, se puede entender y conceptualizar como Destino Turístico Inteligente.

La reconversión

Las ventajas de transitar un proceso de reestructuración y reconversión hacia un DTI radican principalmente en la mejora de la competitividad del destino basada en su capacidad innovadora, la cual permitirá acercar, disponer y facilitar el uso y apropiación tecnológica de su patrimonio y recursos naturales-culturales. Asimismo, se logrará una adecuada y eficiente comunicación y percepción de lo que el destino puede y tiene para ofrecer, una optimización de su oferta hotelera y gastronómica, una mejor conectividad y movilidad en su prestación de servicios de transporte, una mejor disposición y democratización de la información del destino, todo lo cual generará procesos de inclusión que acerquen y comprometan el vínculo entre turistas y residentes.

Ahora bien, respecto del sector turístico existe una serie de aplicaciones características que, según el profesor Dimitrios Buhalis (doctor en Gestión Estratégica y Marketing, con especialización en el sector de los Viajes y el Turismo), dan cuenta de algunas de las prácticas que conforman un DTI, como por ejemplo experimentar la recreación digital de atractivos y sitios turísticos a través de dispositivos de realidad aumentada, sistemas de seguimiento de transporte con horarios e información disponible en tiempo real, sistemas de alojamiento capaces de predecir la demanda energética y ofrecer prestaciones eco-eficientes en la gestión del medio ambiente, aplicaciones multilingües para servicios de guías, tours y paquetes de viajes disponibles para los turistas, como así también la habilitación de códigos QR que permitan el acceso a mayor información sobre atractivos y puntos de interés turísticos a través de dispositivos móviles. Asimismo, en el marco del servicio de atención al cliente —piedra angular del sector hotelero y gastronómico— se pone a disposición de turistas y visitantes un sistema de gestión de quejas cuyo soporte, a través de diversos canales digitales como apps o telefonía celular, pueden dirigirse directamente hacia prestadores o gestores públicos.

Casos

En España, por ejemplo, la reciente implementación de la Norma UNE 178501 del año 2016 especifica los requisitos de un nuevo modelo de DTI que se sostiene a partir de cuatro conceptos-eje centrales: innovación, tecnología, accesibilidad universal y sostenibilidad. Dicha norma postula una mejora en la experiencia del turista antes, durante y después del viaje, así como el aumento de la competitividad y la mejora en el posicionamiento turístico del destino.

Entre los beneficios de su implementación, se destacan la creación de sinergias positivas de acuerdo con una estrategia común; la eficiencia en la gestión mediante la incorporación de la innovación y de la gestión de los datos (Big Data y Open Data) como factor clave; el uso de herramientas tecnológicas; la mejora de la conectividad de personas, empresas, servicios y destinos; el desarrollo sostenible en sus tres vertientes: ambiental, social y económica; como así también la mejora de la accesibilidad universal del destino, que constituye un derecho y abre un mercado de cientos de millones de personas en todo el mundo.

A un clic de distancia

Podríamos pensar un destino inteligente como un laboratorio en permanente interacción —living lab (Buhalis, 2013)— que debe facilitar herramientas tanto al residente como al turista para habilitar nuevas redes de interpretación de su oferta de recursos y atractivos turísticos, generando conexiones emocionales entre el visitante y su destino. De esta manera, a través de prácticas de inclusión e innovación, la actividad turística se va instalando en las agendas de gobierno, como un verdadero adalid del desarrollo sostenible, generando empleos genuinos, creando instancias de capacitación y formación profesional, mejorando la infraestructura y la conectividad de las ciudades, compartiendo experiencias más accesibles para todos.

Un Destino Turístico Inteligente es el que redirige su economía para ser más competitivo, el que convoca a experiencias emocionales que sinergicen tecnología y buen vivir, el que hace más eficiente la movilidad, infraestructuras y planta turística, que finalmente se traduzcan en buenas prácticas para mejorar la calidad de vida de sus habitantes, logrando seducir a viajeros experimentados y meta informados.

Sin duda, la rebelión del formato e intervención digital ha revolucionado la elección del destino turístico con decisiones que implican selección de medios de transporte, movilidad, oferta de alojamiento, y canales de distribución y comercialización, afectando toda la cadena de valor turística en forma integral. En palabras de Claudia Tapardel, euro parlamentaria y codirectora del Intergrupo sobre Desarrollo del Sector Turístico y del Patrimonio Cultural en Europa: “El viajero moderno es un usuario tecnológico, más exigente que nunca y que espera que todo esté a su disposición a un solo clic de distancia. En el avance hacia sociedades que valoran la conectividad y las necesidades individuales del consumidor, se deben crear las condiciones adecuadas para un mercado único digital que sea operativo y funcional, así como enfatizar el valor de la innovación”.

La vinculación entre nuevas tecnologías e innovación en el sector turístico constituyen una de las áreas de trabajo prioritarias para la OMT, en la búsqueda de estrategias para empoderar a pequeñas y medianas empresas en pos de capitalizar las oportunidades que brinda el mercado digital, sobre todo, en lo relativo a las relaciones con el viajero (OMT 2016).

Una genuina transformación hacia un destino turístico inteligente deberá comprometer a sus principales actores a realizar reformas sociales y económicas profundamente comprometidas para lograr, sustentados en la tecnología, un verdadero avance integral y emancipador.

Sin duda, retos y desafíos para repensar la gestión y gobernanza inteligente de los nuevos modelos de destinos turísticos. El turismo, con todo su potencial dinamizador e innovador, deberá ser capaz de asimilar y apropiarse de estos cambios.

Ejes del Destino Turístico Inteligente

  • Innovación. Planeamientos innovadores internos de gestión y externos que se traduzcan en mejoras significativas orientadas a las actividades antes, durante y después de la estancia en el destino, a través de la implementación de herramientas de gestión de la innovación. Una de ellas es la inteligencia competitiva.
  • Tecnología. Mediante la incorporación de tecnología (de la información, de la comunicación, de mejoras energéticas, etc.) y de la vigencia tecnológica que permitan el uso y la aplicación de datos y contenidos sobre mercados, clientes y productos se persigue un aumento de la eficacia y la eficiencia de los procesos y servicios del destino.
  • Accesibilidad universal. La accesibilidad universal y el diseño universal es una forma de aportar valor a todas las iniciativas desarrolladas por las partes interesadas. Se extiende a toda la cadena de valor del turismo: edificios, servicios, formación del personal, transporte, entornos, accesos web, entre otros.
  • Contempla la gestión racional y eficiente de los recursos (ambiental), la calidad de vida de turistas y residentes (sociocultural), y la competitividad empresarial ligada al vector económico.

Fuente: Revista Aenor. Gestionar el modelo turístico del siglo XXI. Disponible en: www. aenor. es/revista/314/destinos-turísticos-inteligentes.


(*) María Lucila Salessi es licenciada en Turismo y Hostelería, magíster en Gestión Turística. Integra el Departamento de Capacitación y Formación Profesional de FEHGRA.

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