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Seguir al Sol en otoño

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En este informe, se incluyen seis ciudades argentinas que ofrecen todo lo que el viajero busca: cultura, paisajes, aventura.

Bariloche

Es uno de los destinos más importantes de la Patagonia y las razones sobran: lagos, montañas, valles, fauna, flora, caminos intrincados por paisajes bellísimos y una ciudad que es la Meca de los estudiantes, los mieleros y los esquiadores.

Es decir, todo Bariloche (Río Negro) vale la pena en cualquier estación del año y es una de las ciudades más amigables para organizar congresos o encuentros empresariales: los visitantes tienen garantizados centros de convenciones espectaculares, un centro comercial para todos los gustos, oferta gastronómica gourmet y autóctona, y lugares cercanos para visitar, como El Bolsón o Colonia Suiza.

Pero hay más: tiene una fauna y una flora inigualables, la posibilidad de despuntar todas las formas de la pesca deportiva durante las temporadas permitidas, trekking, golf, buceo, avistaje de especies únicas y hasta navegación por el inagotable Nahuel Huapi.

Bariloche, cuyo nombre proviene del idioma mapuche “vuriloche”, que significa “gente del otro lado de la montaña” y que fue dado por los originarios de Chile, es uno de los destinos que más ha crecido en los últimos años, hasta lograr una infraestructura internacional en cuanto a hoteles, alojamientos y restaurants.

Más allá de los clásicos ahumados y el chocolate, la oferta gastronómica es muy variada, con cientos de emprendimientos de cervezas artesanales, bocados de caza, como jabalí y ciervo, además de la trucha.

A la vera de la avenida Bustillo, la oferta de hoteles y hostería parece inagotable y en la propia ciudad se destacan hoteles de hasta cinco estrellas.

Las excursiones desde el centro parten hacia los cuatro cardinales y se recomiendan los ya clásicos Circuito Chico, Tronador, Cerro Otto, Isla Victoria o, simplemente, el circuito de los Siete Lagos, que resultará inolvidable.

Durante el invierno el centro de esquí Catedral se impone como uno de los más importantes del hemisferio sur y sede permanente de campeonatos de esquí y snowboard para profesionales y aficionados.

Para finalizar, no deje de visitar el clásico de los clásicos: el Hotel Llao Llao y su entorno. Se pude ingresar a tomar el té o pasear por Puerto Pañuelo que queda justo enfrente y de donde parten varias de las más lindas excursiones.

Colón

Bella. Misteriosa. Natural. Turística. ¿Qué adjetivo no le cabe a esta ciudad entrerriana, cabecera del departamento del mismo nombre?

Colón espera al turista con las bondades de una ciudad turística y la tranquilidad provinciana que garantiza el descanso, un amigo en cada portal y la inigualable vista del río Uruguay.

Pero primero hay que llegar. Por lo tanto, viajero, recuerde que Colón se encuentra a 295 kilómetros de Paraná y a 320 de la ciudad de Buenos Aires.

Y ya el viaje es toda una aventura: desde la provincia de Buenos Aires se puede ir por el bellísimo Puente Zárate-Brazo Largo, que conecta con la Ruta Nacional N° 12 y que luego empalma con la Ruta Nacional N° 14 que lo deja en Colón.

Los que ya fueron aseguran que la ciudad es ideal para los amantes del sol, con playas con suaves declives e islas con arenas blancas. En este sector se desarrolla una gran actividad de pesca y deportes náuticos, entre los que se destacan la práctica de kayak, remo, windsurf, navegación a vela, esquí acuático y natación.

Claro que, habiendo disfrutado de las playas y de los manjares de río que allí se sirven, se hace imprescindible hacer los 50 kilómetros que separan la ciudad del Parque Nacional El Palmar, creado para la conservación de las palmeras Syagrus yatay. El parque tiene la friolera de 8500 hectáreas de extensión, con arroyos de aguas cristalinas, exuberante vegetación virgen y bandadas de pájaros multicolores.

Este sitio es ideal para realizar campamentismo y avistar animales que viven en el Parque, como vizcachas, carpinchos, zorros, perdices, ñandúes, zorrinos, mulitas, lagartos overos e infinidad de aves, además de jabalíes y ciervos axis.

Colón también cuenta con un complejo de termas ubicado en el sector norte de la ciudad, junto al Golf Club, compuesto por aguas con sodio, cloruro, potasio y fosfato. La temperatura alcanza los 36° grados de temperatura y son recomendadas en aplicaciones terapéuticas.

Monte Hermoso

Si la familia argentina busca un destino donde descansar frente al mar, sin peligros para los más chicos y, sobre todo, tranquilo, quédese en esta página porque lo encontró: se llama Monte Hermoso.

Está sobre la costa atlántica, en el sur de la provincia de Buenos Aires, y cuenta nada más y nada menos que con 32 kilómetros de amplias playas, y es el único punto del país donde puede verse al sol nacer y ponerse sobre el mar.

Como todo no es perfecto, hay que advertirle al viajero que Monte Hermoso es también una ciudad ventosa que, de alguna manera, hace más agradable los 26° con que suele recibir a los visitantes.

Su ubicación geográfica influye en la temperatura del agua, que supera en 5° a la de otros balnearios por las corrientes cálidas que bañan sus costas.

La infraestructura turística de la ciudad es completísima y es posible ver viejas casonas de los primeros veraneantes e imponentes chalets. Los paradores y balnearios de Monte Hermoso ofrecen actividades de esparcimiento como vóley playero, fútbol, campeonatos de tejo, clases de aerobics y de salsa.

En sus aguas se organizan regatas y puede practicarse jet ski o windsurf, este último con un gran auge en los últimos años, debido a los vientos que azotan la costa.

Los pescadores pueden sentirse campeones del mundo: casi todos los que se largan a la aventura pueden sacar ejemplares de pez palo, pescadillas, meros, congrios y palometas. Cornalitos, anchoas, lenguados y los tan preciados camarones y langostinos son el resultado de la pesca con red.

En Monte Hermoso se pueden visitar los Museos de Ciencias Naturales y el Naval, además de la Laguna y Balneario Sauce Grande, el faro Recalada y el Paseo del Pinar, que puede recorrerse caminando o en bicicleta.

Por la noche, el moderno casino funciona con mesas de ruleta, black jack y punto y banca, y con un excelente servicio de confitería.

Ullem y Angualasto

Tienen suerte los sanjuaninos: el ministro de Turismo de la Nación, Gustavo Santos, anunciará la realización del Centro de Interpretación Qhapaq Ñan, en Angualasto, y un Centro Información Turística y áreas de servicios en el Cerro Tres Marías, departamento de Ullum. Una de las atracciones de la zona es la subida al Cerro Tres Marías. La senda de ascenso se encuentra muy marcada e incluso estos últimos años se han realizado trabajos de señalización, hay sectores con rocas pintadas de amarillo y carteles interpretativos. Recomendaciones: aunque es un cerro pequeño y parece inofensivo, la cantidad de rescates que se produce es alta. Para no tener inconvenientes, transite solo por las sendas marcadas y lugares seguros.

La Provincia entera es bella, con sus valles surcados por el río San Juan y sus viñedos que “guardan secretos de cuatro siglos de buenos vinos”, como dicen los entendidos. Los alrededores de la ciudad brindan una variada oferta de turismo rural, trekking y un parque de agua con una pista de kayak única en la Argentina, cerca de Ullum.

La región cobró un nuevo brillo desde la reciente declaración de Patrimonio Mundial por la UNESCO al Qhapaq Ñan (en quechua, “camino principal”), que atraviesa hoy seis países andinos. Partiendo desde Perú hacia el sur recorre parte de los territorios de Bolivia, Argentina y Chile y, hacia el norte, los de Ecuador y Colombia. Estos caminos permiten remontar la huella que dejaron tras de sí los pueblos andinos, sus ejércitos y sacerdotes, sus mercaderes y caravanas de llamas que transportaban mercancías. Al ingresar a la región de Cuyo, en la provincia de San Juan, el camino lleva al viajero hacia Angualasto y al Parque Nacional San Guillermo, donde los pueblos antiguos, incaicos y preincaicos, se dedicaban a la crianza de vicuñas para la producción textil.

El Qhapaq Ñan es un patrimonio de valor inigualable, que tiene unos 2.000 años de antigüedad. Al recorrerlo se puede conocer los distintos aspectos de la vida de los pueblos antiguos, y a la vez compartir las costumbres de las comunidades locales, muchas de ellas emplazadas en sitios remotos y en impactantes marcos naturales. Se trata de “entrar en el corazón más profundo de los pueblos andinos”.

Cafayate

Inigualable. Eso es Cafayate. Tiene uno de los cielos límpidos más bellos del mundo, que iluminan los Valles Calchaquíes salteños. Es la tierra del vino de altura. Aquí las uvas maduran lenta y sabiamente, bajo la mirada y supervisión de los bodegueros, para ofrecer vinos de calidad. Alrededor de esta actividad, la vida transcurre tranquila y favorece el encuentro de lugareños y turistas.

El paseo infaltable, además de la serie de bodegas donde se pueden degustar los mejores vinos salteños, acompañados de bocados gourmet, es la plaza.

Allí, los artesanos ofrecen sus trabajos de alfarería y platería, tejidos en lana y los típicos ponchos salteños.

Las callecitas onduladas se pierden en los cerros, con sus casas blancas que parecen colgadas como cuadros y da la sensación de que las guitarras suenan todo el tiempo regalando gatos y carnavalitos.

En las afueras, los cerros ofrecen vistas panorámicas del valle, los ríos esconden cascadas sorprendentes y el tiempo realiza un inclaudicable trabajo de erosión sobre las rocas.

A Cafayate se llega, desde la ciudad de Salta, por la Ruta Nacional 68 en un recorrido de 183 kilómetros. Unos 50 kilómetros antes del ingreso a la cuna del vino salteño, el camino sorprende al viajero con el paisaje de la Reserva Natural Provincial Quebrada de las Conchas.

El tiempo y la erosión lograron aquí formaciones rocosas que semejan figuras animales y humanas, y se destacan el sapo y el fraile.

También, imponentes castillos colorados, un anfiteatro natural de maravillosa acústica y la Garganta del Diablo, una inmensa pared circular de 50 metros de altura. Sin dudas, algunas de las postales más lindas del noroeste argentino.

Al llegar a Cafayate, el viajero se encuentra con la localidad turística más importante de los Valles Calchaquíes. Caminar por sus calles, sentarse bajo los árboles de la plaza, recorrer el Mercado Artesanal, degustar delicias norteñas y hacer una visita a las bodegas de la zona y al Museo de la Vid y el Vino son algunas de las actividades sugeridas. Luego, las opciones se abren a diferentes intereses.

Córdoba

Avistaje-de-Aves--Parque-Nacional-Quebrada-del-Condorito

La página oficial de turismo de nuestro país, www.argentina.travel, describe a los pueblos y ruinas jesuíticas de una manera que enamora: “Gran parte de la historia de la provincia de Córdoba fue escrita por los Jesuitas que llegaron a la hoy ciudad capital en el año 1599. Su misión de fe y saber están presentes en los muros de la ciudad y, tierra adentro, en los de las estancias. En la Capital, todo comienza en la Manzana Jesuítica, el corazón histórico de la ciudad: entre las campanadas de las iglesias, se destacan imponentes las construcciones de la Cripta Jesuítica del Antiguo Noviciado, el Colegio de las Huérfanas, la Iglesia Compañía de Jesús, la Capilla Doméstica, la Universidad Nacional de Córdoba y el Colegio Monserrat (un lugar de convocatoria de estudiantes de todo el país y el mundo)”.

Más adentro se lucen las Estancias Jesuíticas, blancas construcciones de estilo colonial que fueron testigo del trabajo de la tierra, de la cría de ganado, de las tareas en molinos y de la elaboración de vinos artesanales, aún vigentes en la región. “Las estancias de Santa Catalina, Jesús María, Caroya, Alta Gracia y La Candelaria se eslabonan en una ruta histórica que es Patrimonio Cultural de la Humanidad y lleva al viajero con dirección a un muy interesante pasado vivo”.

Cada una de las Estancias Jesuíticas conserva historias y características particulares. La Estancia de Caroya (1616) ha cumplido diversas funciones a lo largo de los años: fue lugar de descanso y vacaciones de los estudiantes del Colegio de Monserrat, fábrica de armas blancas durante el tiempo de las luchas por la Independencia del país y primer hogar de los inmigrantes friulanos que fundaron Colonia Caroya; actualmente es sede de un Museo Histórico y del Museo del Inmigrante. Está ubicaba a pocos minutos de la localidad de Colonia Caroya y a unos 44 km de la ciudad de Córdoba.

En tanto, la Estancia de Jesús María (1618) es referencia en materia de vinos. Aquí los Jesuitas implementaron la vitivinicultura con técnicas artesanales aún vigentes. El complejo conserva la bodega, los antiguos molinos, el perchel y el Tajamar, junto a la iglesia y la residencia. En esta estancia funciona el Museo Jesuítico Nacional. Todas estas construcciones jesuíticas son Monumentos Históricos Nacionales y han sido declarados Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000.

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