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De la huerta al plato

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Cada vez son más los hoteles y restaurantes que trabajan con su propia huerta, una propuesta con la que todos ganan.

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Para chefs y cocineros, contar con alimentos sembrados y cuidados por ellos mismos es una herramienta más a la hora de crear platos originales e innovar en el menú según la estacionalidad. La presencia de ingredientes frescos y sabores genuinos realza hasta los platos más simples.

No necesariamente obtenidos del propio jardín, utilizar elementos de la región en la cocina es un plus para los viajeros y comensales que buscan vivir experiencias con identidad local, tendencia que crece cada vez más. Este tipo de iniciativas también fomentan la conciencia sobre la alimentación, promocionan las economías regionales ¡y además es mucho más rico!

Desde H&G, les dejamos algunos tips para crear nuestra propia huerta.

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¡Manos a la obra!

Buscar un lugar bien soleado. Es aconsejable ubicar la huerta hacia el norte y cerca de una fuente de agua, y cercarla para impedir la entrada de animales.

Los canteros de huerta de 1 m o 1,20 m de ancho permiten trabajar cómodamente de ambos lados. Conviene dejar espacios de 30 o 40 cm de ancho entre canteros para circular sin problemas. Para marcar, podemos usar piolines y estacas.

Las semillas grandes y fuertes, como las de zapallo, zapallito, maíz, melón, poroto, acelga, espinaca y remolacha, se siembran directamente; también las de zanahoria, perejil y rabanito.

Las semillas pequeñas, como tomate, pimiento, apio, puerro, berenjena, lechuga, hay que sembrarlas primero en almácigos, unos cajones de madera con tierra nutritiva que se ubican sobre ladrillos en un lugar protegido y con luz. Cuando crecen y ya tienen algunas hojas, se las puede trasplantar a la huerta.

Es importante asociar plantas de acuerdo con la estación. También debemos intercalar las de crecimiento vertical con las de crecimiento horizontal —ejemplo: puerro y lechuga—. O las de crecimiento rápido (rabanito, lechuga) con especies de crecimiento lento (zanahoria, repollo).

De esta forma, las plantas asociadas no compiten por nutrientes: las que tienen raíces más superficiales extraen fundamentalmente nitrógeno; las de raíz más profunda, toman sobre todo potasio.

Podemos hacer dos canteros, uno para verduras diversas y otro para tomates.

En el primero, asociamos verduras de raíz (rabanito, zanahoria, remolacha) con verduras de hoja (lechuga, acelga, repollo, etc.) de la siguiente manera: tres líneas de raíces (a 0,5 m de distancia) y, entre ellas, plantamos lechuga, repollo o espinaca, y en la cabecera dos líneas de perejil. Si plantamos ajenjo cerca de las zanahorias, aleja la mosquita blanca.

En el cantero para tomates, intercalamos albahaca entre las líneas. Ciboulette, echalotte y ajo van bien con los tomates y ahuyentan a los pulgones.

Las amapolas aportan color y atraen abejas. Si ponemos maíz como parte del cerco perimetral queda garantizada una pareja polinización. Y todas las hierbas aromáticas, como orégano, salvia, romero, son aliados de la huerta en la prevención de plagas y enfermedades.

Para disfrutar de un huerto productivo y saludable, es fundamental preparar con dedicación el suelo: se debe trabajar muy bien, quitar malezas —a mano—, y debe ser sano y rico en materia orgánica y en cuanto a nutrientes —ver recuadro sobre compost—.

Compost

El compost se trata de una técnica ecológica que transforma restos orgánicos en abono de gran calidad, imitando a la naturaleza. Es muy fácil de hacer en casa y, además, súper saludable para la tierra y el planeta.

Con el compost, reducimos sustancialmente la cantidad de residuos, fertilizamos y mejoramos la estructura de los suelos del jardín sin emplear productos químicos.

Para prepararlo, podemos utilizar desechos orgánicos como papel, cáscaras de fruta, vegetales, cáscara de huevos, césped, pan, ramas, pastas, té, café, hojas, yerba, etcétera. Eso sí, debemos evitar los derivados de animales: queso, leche, grasa, huesos, alimentos cocinados… Cuanto más pequeños sean los materiales que se empleen, más rápida será la fermentación.

La compostera se puede construir con plástico, madera o ladrillos y debe contar con algunas aberturas para que el aire ayude a la descomposición. Conviene regarlo una vez por semana y darlo vuelta para airearlo. También, debe colocarse directamente sobre la tierra en algún rincón del jardín.

Se puede aportar bosta, ya que tiene microorganismos, o lombricompuestos comprados (una tapita de 2 cm por mes), ya que se reproducen en la pila, y aceleran el proceso de forma eficaz.

Finalmente, el compost se puede mezclar con el suelo de nuestra huerta y del jardín y en macetas, o aplicar como cobertura de canteros, como aporte en el césped en otoño y primavera, en el fondo de pozos de plantación, en fin, en cada espacio que requiera ser enriquecido. Así se logra que los suelos sean más ricos en nutrientes, más equilibrados en cuanto a la acidez y alcalinidad, y que retengan mejor el agua y el aire.

¡Apto para todo tipo de jardines!

Sin tierra también

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La hidroponia es el cultivo de plantas sin el uso de la tierra. Se trata de un sistema simple, orgánico y sustentable de cultivo vertical. Lo que quiere decir que uno puede crear su huerta en cualquier espacio, incluso en patios, balcones y terrazas. A partir de sales minerales disueltas en agua, se suplen las necesidades de la panta. HidroHuerta es una de las empresas que ofrecen este sistema en Argentina con todo lo necesario para germinar, cultivas y mantener. Primero, se arma una torre, luego se germinan las semillas —se venden kits de verduras, hierbas y flores— en unas bandejas y después de un par de semanas se traspasan.

Más información: www.hidroduerta.com

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