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El desafío

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Cómo ahorrar energía sin perder clientes en el intento

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En materia energética, el sector hotelero y gastronómico tiene un gran desafío. En esta nota, una guía sobre lo que se puede tener en cuenta para bajar los costos manteniendo la calidad del servicio.

Importantes luminarias y ambientes muy calefaccionados en invierno o refrigerados en verano suelen ser la regla y no la excepción en el sector hotelero y gastronómico.  Y es justamente eso lo que el empresario podría modificar, no solo para solidarizarse con la crisis energética a nivel planetario, sino también para bajar los costos, a veces, muy difíciles de enfrentar.

Hace algún tiempo, FEHGRA elaboró el Manual de Uso Racional de la Energía, hoy más vigente que nunca, que propone recomendaciones para que los sistemas de calefacción, ventilación y climatización de establecimientos hoteleros y gastronómicos aseguren confort, con un gasto energético mínimo. Algunas premisas:

* La disminución de temperatura durante la noche a través de un termostato automático.

* Sectorización y control de la ventilación según la demanda, lo que permite reducir el grado de ventilación de las habitaciones que no están ocupadas.

* No calefaccionar ni refrigerar los locales de almacenaje que son raramente ocupados y reducir la afluencia del aire exterior y la circulación durante los períodos menos ocupados. Cerrar la ventilación cuando ya no es necesaria; por ejemplo, por fuera de las horas de trabajo o cuando los locales no se utilizan.

* Asegurar que las bocas de aireación, incluidos los retornos de aire, no estén obstruidas y quitar los obstáculos que obstruyen los conductos al exterior.

* Evitar colocar los televisores, las computadoras, las lámparas o los secadores de cabello próximos a los termostatos, porque el calor puede impedir el buen funcionamiento de los mismos y aumentar el consumo de energía de la refrigeración.

* Instalar coberturas y dispositivos de seguridad sobre los termostatos de las zonas comunes.

* Un sistema combinado de ventiladores de techo con equipos de aire acondicionado puede brindar óptimos resultados con menor consumo.

* Mantener limpios los filtros es indispensable para que los equipos funcionen bien. En las calderas nuevas, un mantenimiento adecuado puede significar economías del orden del 20%.

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Que no se note

Probablemente el lector piense que las recomendaciones no pueden ser cumplidas en todos los establecimientos, porque no es lo mismo un restaurante de San Martín de Los Andes en pleno invierno que un hotel en la capital correntina durante la primavera. Pero lo que sí parece igual es la necesidad de ahorrar energía y dinero y, de alguna manera, tomarse el trabajo de “educar” a los comensales y huéspedes.

En algunos hoteles y restaurantes de Argentina y en la mayoría de los establecimientos de los grandes destinos turísticos del Primer Mundo, hay carteles y avisos, sumamente amigables, que proponen e invitan a los clientes a colaborar con el cuidado del planeta. Se trata de una publicidad indirecta que irremediablemente pega en la conciencia. Y es menester que esta cartelería esté acompañada por acciones que salten a la vista sin que resulte agresivo: luces tenues, salones calefaccionados para que se pueda estar en pleno invierno vestido con un abrigo liviano o en mangas cortas en verano ¡y no al revés!

Otro modo de “crear conciencia” —y la conciencia produce ahorro— es informar a los clientes que se están alojando/comiendo en un establecimiento que se preocupa por la eficiencia energética o que utiliza energía sustentable: es sorprendente ver cómo todos parecen más abiertos a economizar recursos. De más está decir que los niños, cuyos planes de estudio contemplan “salvar al planeta”, son los primeros en apagar luces innecesarias o en programar el aire acondicionado en 24° de manera absolutamente natural.

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Ser eficientes

La eficiencia energética se lleva a la práctica a través de programas de gestión energética, que busca en una primera aproximación reconocer dónde se usa la energía y cuánto se emplea, para luego identificar alternativas de mejora que serán evaluadas como una oferta de negocios para el empresario. Llegados a este punto, hay que invertir recursos en estudiar dónde y cuánta energía se consume, evaluar si estos niveles de consumo son adecuados para esta actividad específica y elaborar comparaciones sobre la base de los registros históricos de consumo que permiten identificar patrones de comportamiento e identificar desviaciones de los mismos.

Otra alternativa es la comparación con desempeños de empresas similares del sector que operan en la misma región, país o mercado, y marcan una tendencia a imitar.

También se pueden emplear indicadores de desempeño específicos para el sector donde opera la empresa y que se obtiene de publicaciones especializadas. Este procedimiento se conoce como de “comparación evaluativa”, y se ha difundido por la expresión inglesa “benchmarking”.

En un artículo ya publicado en estas páginas, se llamaba la atención sobre que la matriz del consumo energético del sector es altamente dependiente de la tipología de los hoteles, la cual queda definida por factores como el perfil de los pasajeros (vacaciones, negocios), la ubicación geográfica del establecimiento (vinculado a las condiciones climáticas), la categoría del mismo (relacionado con las prestaciones) y el tamaño (vinculado con el número de habitaciones y total de superficie cubierta).

Esto significa —se decía— que es imposible generalizar la estructura de costos energéticos, ni siquiera dentro de un mismo país, y suele entenderse que en cada caso existen razones de peso para explicar desviaciones de comportamiento.

Según trabajos desarrollados por el Programa The Carbon Trust del Gobierno del Reino Unido, que elaboró una guía dirigida a operadores del sector de la hotelería con información recogida a través de encuestas y monitoreo de consumo, realizadas en una muestra de 300 hoteles, resultó en que medidas sencillas basadas en la organización y el cambio de hábitos permitían lograr reducciones de consumo de hasta un 5%. También se establecieron otras que significaban inversiones menores que se traducían en ahorros de hasta un 10%.

Por ejemplo, dentro de las medidas de bajo costo para abaratar energía y dinero sin que eso impacte en la prestación, está verificar burletes de puertas y ventanas, y colocar cortinados pesados en cuartos y espacios públicos.

Por lo general, los establecimientos del sector no realizan un control riguroso del consumo de energía, y en algunos casos no conocen al detalle las instalaciones energéticas del hotel. Por ello, buena parte de los mismos presentan niveles de desempeño energético relativamente bajos.

La experiencia internacional indica que la instrumentación de medidas de eficiencia energética puede fácilmente generar reducciones en el intervalo del 15% al 20%, con inversiones que tienen un período simple de recuperación promedio en alrededor de 1,6 años.

Las luces de alerta se encienden solo cuando los costos energéticos escapan de su nivel tradicional o cuando la seguridad del suministro se ve amenazada por situaciones particulares. No deberíamos esperar a que estas situaciones se presenten para comenzar a instalar un verdadero sistema de gestión que nos revele importantes oportunidades de negocios relacionadas al rubro de la energía. La administración de los recursos energéticos es todavía una asignación pendiente en el sector hotelero gastronómico a pesar de las oportunidades de negocios asociadas en la actividad.

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