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Paisajes para recorrer en invierno

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Como en cada edición, H&G destaca hermosas ciudades argentinas que ofrecen naturaleza, actividades e infraestructura turística para disfrutar.  

Villa La Angostura

  • Foto: Mintur
  • Foto: Neuquentur
  • Foto: Juan Caló

Decir Villa La Angostura es mencionar a la vez una enorme agenda de paseos, visitas y actividades. Y compromisos. Con la naturaleza, con la gente, el entorno y el universo. Hay cientos de cosas para hacer en la villa, pero desde estas páginas recomendamos, además de los hoteles perfectamente aptos para todos los gustos y una gastronomía patagónica y andina para el recuerdo, un paseo inolvidable: el Bosque de los Arrayanes. Independizado del Parque Nacional Nahuel Huapi en 1971, siempre en la provincia de Neuquén, el predio se encuentra en la Península de Quetrihué y está considerado como uno de los bosques más puros y extensos de la especie. Tiene 1753 hectáreas, de las cuales 20 están cubiertas por ejemplares de arrayanes que, anómalamente, han tomado forma arbórea alcanzando alturas considerables. La edad promedio es de 160 a 250 años, pero los estudiosos han encontrado especímenes de entre 500 a 600 años. Y acá vale una aclaración: el arrayán es un arbusto que solamente en esta tierra toma el porte del árbol. Posee un color canela penetrante con una corteza muy fina, lisa y fría al tacto, que se desprende en pequeñas láminas, dejándolo con unas manchas blancas que le dan características y apariencia únicas. Y, si bien crecen a los dos lados de la Cordillera de los Andes, se trata de especies únicas y, por lo tanto, su preservación es la prioridad. Ya en la villa, chocolate caliente de por medio, el turista puede aventurarse a largas caminatas hasta el imponente lago o camino de las montañas, donde también es posible practicar deportes de invierno. Como el esquí en el Cerro Bayo, otro de los sitios que ha divulgado el nombre de Villa La Angostura por el mundo. Acondicionado con la mejor infraestructura para la práctica de esquí y snowboard, este lugar recibe turistas en busca de entretenimiento y acción a lo largo de todo el año. En verano, los deportes favoritos de quienes se aventuran por estas comarcas, son el trekking, mountain bike y enduro. Renglón aparte merece el viaje desde cualquier lugar del país hasta este punto andino: por donde se viaje el paisaje es único e irrepetible, y tanto la hotelería y la gastronomía nunca lo abandonan.

Villa Mercedes

  • Fotos: Gentileza Turismo de Villa Mercedes

La cueca habla de la calle Angosta, “la de una vereda sola” y hay que verla. Está en Villa Mercedes, San Luis, en la “región de la planicie meridional de la provincia”, como dice la información geográfica, y es la ciudad cabecera del departamento de Pedernera. Pero los datos son pocos y casi mezquinos para describir lo bello de esta comarca puntana, emplazada a 550 metros sobre el nivel del mar, que fue construida junto a un fortín del siglo XVIII utilizado como avanzada de la civilización en la zona que dominaban los indígenas Pampa. Villa Mercedes ofrece paseos por bosques semicerrados con arbustos, pajonales, pastizales y tierras aptas para la cría de ganado y la siembra de oleaginosas. O la posibilidad de quedarse en la ciudad, la segunda en importancia después de la capital provincial, que es recordada por su trazado edilicio moderno, con amplias calles arboladas, parques y paseos públicos. Y la calle Angosta, claro, ubicada frente al sector de la ex-estación de trenes —imperdible también—, y la preferida de los compositores locales y foráneos. Para seguir conociendo, se recomienda el Museo y Archivo Histórico Santiago Betbeder y el Complejo Argentino Nativista Héctor Aubert, este último con una muestra de carruajes antiguos que datan de principios del siglo XIX, la reproducción de una pulpería y una pequeña capilla. Cerca del centro, se encuentra el Parque Provincial Costanera Río Quinto y un poco más retirado, a tan solo siete kilómetros, el dique sobre el río mencionado, lugar ideal para realizar deportes náuticos, competencias nacionales de wind surf y pesca deportiva. Los aficionados a la caza mayor encuentran un paraíso de oportunidades en Villa Mercedes dada la abundancia de pumas y jabalíes. Pero a no entusiasmarse: se deben tramitar permisos en las temporadas aptas para ese deporte y cuidar el medio ambiente al extremo para evitar la desaparición de animales autóctonos. En las afueras de la región, se encuentran las Sierras del Morro, lugar que por sus notables características y formación geológica es considerado como Monumento Natural. Este sitio es elegido para realizar trekking, ascensiones y excursiones en 4×4 o paseos en enduro.

Rafaela

  • Fotos: Archivo fotográfico Municipalidad de Rafaela

En la comarca dicen que, aunque no se encontraron vestigios de pueblos originarios afincados en la zona, fue un lugar de paso para varios de ellos. Tanto es así, que en 1796 fue creado el Fuerte de los Sunchales, primer poblado del departamento, aunque la reconfiguración política de los primeros gobiernos patrios determinó que dicha construcción defensiva desapareciera.

Pero el tiempo no se detuvo acá. Fue solo en la segunda mitad del siglo XIX cuando la colonización particular alcanzó al departamento y, en 1881, la empresa de Guillermo Lehmann puso a la venta los terrenos de una colonia llamada Rafaela o “La Rafaela”: así empezó todo. El pueblo fue un nudo ferroviario importantísimo y se convirtió rápidamente en un polo cultural y turístico que aún persiste. Ideal para descansar, para probar bocados bien patrios o para hacer turismo, la ciudad cuenta con 11 museos que exponen sus diferentes aspectos culturales e históricos. Algunos de ellos son el Museo Municipal de Artes Dr. Urbano Poggi, fiel exponente del arte rafaelino y de muestras que usualmente recorren el país; el Museo de la Fotografía, que brinda instalaciones variadas y cuenta con biblioteca especializada, laboratorio y sala de exhibición temporaria y archivo. También se pueden visitar el Museo Histórico Municipal, el de la Usina del Pueblo, y la Asociación de Ferromodelistas y Amigos del Ferrocarril ha creado en sus instalaciones el Museo Ferroviario de Rafaela. Llegar a esta ciudad es como hacerlo al corazón de una provincia que tiene todo para ofrecer y que cumple con los requisitos para albergar a grupos que buscan un lugar cómodo y de fácil acceso para convenciones nacionales e internacionales.

Iguazú

  • Foto: Inprotur
  • Foto: Mintur

Si alguien se pregunta por qué las Cataratas del Iguazú fueron declaradas una de las nuevas Siete Maravillas Naturales del Mundo y Patrimonio Natural de la Humanidad, es porque aún no las visitó. Y aunque parezca una redundancia, es preciso repetirlo una y mil veces: hay que ir porque cada vez que se pone un pie en estas tierras coloradas de la provincia de Misiones, se descubren nuevas cosas, paisajes nunca vistos, ruinas históricas muy ancianas y otras más modernas, minas de piedras preciosas y estancias yerbateras. Se trata de un ecosistema que pertenece a la eco región Selva Paranaense, que cubre casi todo el territorio misionero y que alberga 275 saltos de agua que alcanzan hasta los 80 metros de altura. La visita al Parque Nacional Iguazú requiere, por lo menos, de un día entero. Entre las propuestas recreativas se destacan: el Centro de Interpretación Yvirá Retá; el Paseo Inferior (1.400 metros de pasarelas con escaleras); el Paseo Superior (1.300 metros de pasarelas sin escaleras); el sendero Garganta del Diablo (1.100 metros de pasarelas sin escaleras); el cruce a la Isla San Martín; el Sendero Macuco y el Sendero Yacaratiá. También se ofrecen excursiones alternativas que proponen descubrir el Parque y acercarse a las Cataratas a través de actividades a pura adrenalina. Y hay más: el visitante tiene que hacer una parada especial en la ciudad de Puerto Iguazú, donde, además de la gente maravillosa que lo recibe, se pueden realizar excursiones con y sin guías por la zona y el mismo centro. Para los amantes de las artesanías, la ciudad y el puerto —visita obligatoria para los turistas—, este destino es imprescindible: se pueden adquirir objetos hechos por las manos de integrantes de varios pueblos originarios que manufacturan sus tesoros a la vista de todos. Y hay más: atrévase a disfrutar de las Cataratas bajo la luz de la luna y a bordo del pequeño tren que recorre la selva en total oscuridad. El silencio solo es interrumpido por rugidos de la selva, foresta que también se puede caminar durante el día, y hasta se puede contratar un guía para el avistaje de pájaros únicos en el mundo.

Las Termas de Río Hondo

  • Fotos: Subsecretaría de Turismo de Santiago del Estero

Santiago del Estero es una provincia tan grande como misteriosa y, cada vez que se la visita, el turista encuentra una nueva excusa para volver. Un ejemplo es el paseo por las famosísimas Termas de Río Hondo, donde salud y placer van de la mano. Para empezar, hay que decir que las aguas alcalinas, bicarbonatadas, cloruradas y sulfatadas previenen y alivian múltiples afecciones, lo que, sumado a las comodidades y servicios brindados a lo largo y ancho de la localidad, colman de placer y serenidad a todos sus visitantes. Allí hay un contacto permanente con la naturaleza, y la práctica de varios deportes y largas caminatas llegan naturalmente para reconfortar al visitante. Pero también es posible visitar la espectacular cancha de golf de nueve hoyos, con un entorno fantástico. ¿Más? Sí, mucho. Y para exigentes. Como la mundialmente conocida pesca del dorado, con mosca, vadeando el río Dulce, aguas abajo de la represa.

Otra de las alternativas pesqueras destacadas de Río Hondo es El Lago, un espejo de agua de 33.000 hectáreas alimentado por los caudales de los ríos tucumanos Salí, Gastona, Medina, Marapa, Lules y Chico. El Lago posee una gran riqueza ictícola integrada por bogas, sábalos, bagres, tarariras, pacúes, surubíes y dorados de significativos tamaños, presentándose como un desafío impostergable para los amantes de la pesca. Para los más competitivos, Termas de Río Hondo reserva el Campeonato Nacional de la Pesca del Dorado, y el Torneo Nacional de la Pesca del Tigre, que atraen a los pescadores de los más diversos puntos del país. Y la gastronomía gourmet y la cultura, y los espectaculares salones y centros para eventos, harán de la estadía en esta ciudad un viaje de ensueño.

San Nicolás

Mística, natural y prestigiosa, la ciudad de San Nicolás de los Arroyos se erige en el extremo norte de la provincia de Buenos Aires, al límite con la provincia de Santa Fe, frente al río Paraná y a las bellísimas Islas Lechiguanas propias del Delta. Si bien la historia de la ciudad es extensa y rica, desde hace ya varias décadas se la asocia con las milagrosas apariciones de la Virgen María a una humilde mujer del lugar, que jamás habló con la prensa y cuyo rostro es prácticamente desconocido. Los vecinos preservan la identidad —aunque es conocida— y la privacidad de quien dice haber recibido mensajes de la Virgen María. Y, desde que se conoció el llamado milagro, se hacen masivas peregrinaciones hacia el Santuario elevado o en los numerosos templos, iglesias y capillas de gran convocatoria espiritual. Pero en San Nicolás hay mucho más para ver. Un circuito natural, pleno de paisajes cautivantes, frescura y pureza; y un circuito histórico – cultural que reivindica el pasado y el presente de la ciudad, y su posicionamiento a nivel nacional.

También la pesca deportiva, la práctica de golf en el magnífico San Nicolás Club, avistaje de aves típicas de las islas paranaenses y, claro, una agenda gourmet imprescindible. El paseo por la costanera es casi obligatorio en esta ciudad distante 328 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires y poco más de 50 de Rosario. Un paseo ideal para fines de semanas con ganas de descubrir historia y bellezas naturales.

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