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Atracción fatal: el minibar

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Con humor, la autora de la nota se refiere al minibar, considerado un “mimo” del establecimiento para el huésped. Consejos para turistas y para hoteleros.

Texto: Alejandra Rey

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Es casi una costumbre: entrar en la habitación de un hotel, recorrer con la vista todo lo que podremos usar, buscar el cofre de seguridad y… ¡el minibar!

Vaya a saber por qué, siempre esperamos que dentro de esa caja metálica, a veces con diseño de autor, haya un plus que nos tiente: bebidas exóticas, hieleras llenas, algo para picar, algún regalito para agasajar nuestra presencia y precios razonables. En el rubro hotelería se sabe que cada vez es más frecuente que los clientes quieran más y lo demandan: vituallas que no se encuentran en cualquier lado, como frutos rojos, secos, bebidas locales, autóctonas, bocados gourmet como para darle un cierre a la noche o “dulzuras” para la hora del té. Y eso, porque el minibar suele ser el único servicio abierto las 24 horas en un hotel, cualquiera sea la ciudad que se visita, no necesita atención de terceros y es por ello que se busca ahí “la yapa” para terminar la noche. Y la frustración es mayúscula cuando en el interior no hay nada de lo que se busca. Entonces comienza lo que se denomina “La larga estadía de James Bond”.

¿De qué se trata?  Veamos. Lo primero es revisar a conciencia los productos y sus cerraduras: suele ocurrir que el anterior 007 haya bebido un vodka, por ejemplo, y puesto agua para disimular: una miradita a trasluz del pequeño envase nos dirá si ya fue abierto. Lo bueno sería que dicha investigación sirva para bajar a recepción y decir lo que se encontró y no imitarlo.

El espía luego sigue el estudio concienzudo de los rincones de la “caja mágica”: ver si todo lo que está en la lista se encuentra efectivamente almacenado o si falta o sobra: más de uno canta bingo: hay botellitas que se cuelan y no están contadas, y que terminan en el gaznate del flemático Bond, James Bond.

Y finalmente, anotar lo que se va a tomar para luego ir a comprar y reemplazar, otra de las costumbres habituales del personaje de Iam Fleming.

Sí, es tremendo y más de un lector se sentirá identificado con alguna de estas acciones, que definitivamente están mal, muy mal.

¿Y sabe por qué? El minibar es un mimo del establecimiento. Caro, es verdad, pero mimo al fin y no todos los alojamientos tienen personal “de sobra” como para que el día de su partida —que puede coincidir con la salida de otros 30 pasajeros— vaya corriendo de piso en piso para verificar.

En muchos lugares del mundo lo normal es que, al check out, el empleado consulte: “¿Ha consumido algo del minibar?” Y que la respuesta más popular y escuchada sea: “No”, “Sí”, “No sabe, no contesta”.

Pero usted sí lo sabe, entonces, sea honesto. Y que eso no sea la excepción, sino la regla. A los propietarios de establecimientos que se han puesto en gastos para darle una “yapa” a su estadía con un minibar completo, les cuesta mucho dinero y personal estar al día con ese mimo y, por si todo fuera poco, se tienen que aguantar pasivamente que en Internet haya infinidad de tutoriales con tips para zafar a la hora de pagar la cuenta —no los busque—.

OK,-minibar

Vayan, entonces, estos consejos anotados en varios blogs de viajes para uso de los dueños:

  • Para facilitar la labor de los empleados a la hora de verificar el consumo, es conveniente que la colocación de los productos dentro del minibar sea idéntica en todas las habitaciones del hotel. Y más: se tienen que poner de modo tal que con un simple vistazo se pueda identificar rápidamente qué es lo que falta.
  • Verifique siempre la caducidad de los productos y anótelas: puede que algún gracioso quiera dejar de pagar aduciendo que “los frutos rojos estaban vencidos”, por ejemplo.

Ante estos inconvenientes algunos hoteles ofrecen el servicio de minibar incluido en el precio de la habitación, de tal forma que el cliente pueda consumir todo lo que hay en él.

Otros invierten dinero para comprar minibares automáticos que agilizan mucho el control y la gestión de este servicio: el que levanta y toma “algo” queda chequeado.

Es decir, tengamos la fiesta en paz para todos y permitamos que los hoteles y alojamientos sigan invirtiendo para darnos esos gustitos de los que tanto disfrutamos.

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