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Pequeños grandes placeres

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“Un mimo para el alma”. Eso dicen del chocolate, manjar que promete un universo de sensaciones en cualquiera de sus formas.

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No hay chocolate que sea igual a otro. Casi como el vino, cada semilla de cacao porta el sabor de la tierra que lo vio crecer, dejando a chefs, especialistas y amantes de este alimento de los dioses una amplia variedad de posibilidades a la hora de degustarlo.

Amargo, semiamargo, con leche, en polvo… la paleta de chocolates es infinita. Los hay de todo tipo de sabor. Ni hablar de sumar especias, algún fruto seco, frutas y otras delicias.

Si bien muchos asocian un buen chocolate con el porcentaje de cacao que contenga, otros aseguran que la calidad es en realidad el factor más importante: pueden existir muy buenos chocolates con menores porcentajes de cacao, siempre y cuando se haya seleccionado cuidadosamente la materia prima y se hayan respetado adecuadamente los procesos de elaboración.

De cualquier forma, apelar a los sentidos es la mejor fórmula para identificar un buen chocolate: a la vista debe ser brilloso, y cuando lo partimos, se debe oír un golpecito crujiente que indique que la dureza y la consistencia son las ideales, el aroma debe anticipar lo que viene, la textura debe ser suave y cremosa —no grasa—, disolverse lentamente, y el sabor debe perdurar en boca.

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La puerta a un mundo de sabores y texturas

Hay productos que asociamos naturalmente al chocolate, como menta, café, almendras, frambuesas, canela, maracuyá, coñac, hasta naranja. Y hay otros maridajes menos usuales, pero igual de interesantes y efectivos, como chocolate y cerveza negra.

En materia de coctelería, el chocolate es un gran aliado. Para comprobarlo, hay que combinar  vodka y licor de chocolate. Si se usa licor de chocolate blanco, se puede agregar un chorrito de crème de menthe a la coctelera para darle un toque sensacional.

¡El chocolate blanco y el tequila también se llevan bien! Un margarita de chocolate blanco no falla. Se puede elaborar con sirope de chocolate blanco, zumo de lima y triple sec. Con ron también: preparar el ron, con rodajas y cáscara de naranja, mucho hielo, y tomarlo con un pedacito de chocolate negro, para dejar que los sabores se fusionen en boca.

Chocolates

Es que un chocolate es el detalle que puede convertir un acto cotidiano en un momento especial. Nadie puede negar que ese café a media mañana puede ser uno de esos pequeños grandes placeres si lo acompañamos con una barrita. A lo mejor, una de caramelo, con leche de coco, cubierta por una capa de chocolate y un poco de sal gruesa encima. ¡Sí, sal! De hecho, la sal y el chocolate son una gran pareja. Hay muchos que utilizan sal para preparar trufas, brownies y más. Combinar el cacao con algo salado puede ser un descubrimiento interesante.

Para endulzar el paladar, un café distinto: agregar leche al café, unas cucharadas de salsa de chocolate, y coronar con crema batida y cáscaras de naranja, o pedacitos de chocolate con menta. También hay versiones frías (y fáciles de preparar) para los días de calor: licuar 1 taza de leche, media taza de crema, media taza de café frío, 100 gramos de helado de chocolate y hielo.

Y para quienes no toman café, les dejamos esta propuesta: calentar leche blanca con una ramita de canela. Agregar dos barras de chocolate blanco y unas cucharaditas de dulce de leche. Luego servir con rulos de chocolate blanco.

O se puede reinventar el tradicional chocolate a la taza, agregando un toque de Baylis, con trocitos de naranja confitada o sirviendo en una copa con una base de leche condensada.

Choco

Algunas ideas heladas: sobre una base de chocolate a la taza muy frío, colocar una bocha de helado de limón; sumar hielo picado para beberlo tipo frappé;  o incluso mezclar con una infusión concentrada y fría de menta.

Sin dudas, el chocolate es la puerta a un fantástico mundo de sabores. Entonces qué mejor que aprovecharlo en todas sus formas, tomar otros ingredientes y llevarlo a nuestros postres.

Para empezar, un cheesecake de chocolate: sobre una masa preparada con masitas de chocolate, colocar relleno de chocolate blanco, y cubrir con curd de limón. Para terminar, agregar unos rulos de chocolate blanco y frutas rojas.

Para preparar los rulos de chocolate blanco, derretir 200 gramos de chocolate blanco a baño maría. Revolver hasta llegar a los 27 grados. Volcar el chocolate sobre una placa de silicona y estirar con espátula. Llevar a la heladera. Una vez frío, humedecer una espátula con agua caliente y hacer los rulos de chocolate raspando el chocolate sobre la placa de silicona. Ideales para cubrir una mousse de maracuyá.

Jugar con las texturas puede dar lugar a resultados olímpicos. ¿El preferido? El volcán de chocolate, que se puede servir con helado de crema y unos frutos rojos; o con una salsa de dulce de leche, entre otras opciones. Lo importante es que el centro quede bien húmedo; se puede probar con un corazón de chocolate y avellanas, o chocolate y frambuesas. Otra opción para presentar con diferentes texturas es servir en un plato una mousse de chocolate, unas piedritas de cacao (harina, manteca, almendras molidas, azúcar impalpable y cacao amargo) y decorar con salsa de chocolate.

Chefs y chocolaterías se superan cada día en recetas innovadoras y diseños espectaculares, para tentarnos con tabletas, bombones y trufas. Incluso hay algunas propuestas exóticas con flores de lavanda, de jazmín y pimienta. Para cada paladar hay un chocolate.

Un chocolate, un regalo para el alma.

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