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“Argentina ofrece muchas oportunidades”

Español de origen y argentino por adopción, el dirigente empresario Carlos Gutiérrez García habla de La Biela, del sector y del país, con humildad y predisposición.

Adolfo Bioy Casares, de traje y con un libro abierto entre sus manos, recibe a quien ingresa a La Biela, con su sonrisa perpetua, y acompañado por su amigo Jorge Luis Borges. Están sentados en la mesa 20, con un café, como compartiendo notas de inspiración y amistad tal como solían hacerlo. Durante años, cada mediodía, esa mesa no se ocupaba esperando a que el autor de La invención de Morel llegara. Afuera, de pie, Oscar “Aguilucho” Gálvez, prócer del automovilismo, le da la bienvenida a los fanáticos tuercas, anunciando los tesoros que pueden encontrar adentro, entre los que se destaca la última foto que le tomó Aldo Sessa a Juan Manuel Fangio, o la biela que le dio nombre al histórico bar del barrio de Recoleta.

Cuenta la leyenda urbana que el playboy y corredor de autos Roberto “Bitito” Mieres y sus amigos, expulsados por bulliciosos del lugar que solían frecuentar en Cavia y Libertador, se subieron a sus autos en busca de otro bar. Exigido, su auto fundió bielas en la esquina de Alvear y Quintana. En ese mismo momento, la sacó, ingresó al bar y le dijo al mozo que lo atendió: “Esto, gallego, es una biela fundida”. A partir de ese día de 1950, el grupo de automovilistas empezó a reunirse en el pequeño establecimiento al que bautizaron “La Biela Fundida” primero, y luego sencillamente “La Biela”, hoy marca registrada, reconocido internacionalmente y bar notable de la Ciudad de Buenos Aires.

Algunos años después, en 1966, la historia de vida de Carlos Gutiérrez García, quien acababa de llegar solo de España, se unió inexorablemente a la historia del bar. “Si bien integraba la sociedad desde un principio, durante muchos años me desempeñé como mozo y como barman. Con el tiempo logré ser primero encargado, y recién después pude estar al frente de la empresa”. Ex presidente de la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés (AHRCC) de Capital Federal y consejero titular de FEHGRA, Carlos Gutiérrez García vivió mil y una experiencias ubicado tras el mostrador del bar considerado el primero del país. Sí, el primero del país. Si el lector quiere conocer esta historia, puede leer el recuadro “Había una vez…”.

A continuación, el dirigente empresario habla de su familia y los empleados, de la situación del sector y de FEHGRA, de los desafíos políticos del nuevo Gobierno.

¿Usted atendió a Adolfo Bioy Casares? ¿Recuerda especialmente a algún personaje ilustre?

Atendía a Bioy, era muy amable, siempre estaba de buen humor. En uno de sus libros habla del personal de La Biela. Siempre se sentaba con Borges, escribieron libros acá en esta mesa. Las fotos que están arriba del bar las sacó Bioy para un libro de Borges. Y nos las regaló. También conocí a Julio Cortazar, la cantante italiana Mina, Alain Delon, al bailarín Rudolf Nureyev, Joan Manuel Serrat, Raphael, Joaquín Sabina, Julio Iglesias, Mirtha Legrand, Susana Giménez, Moria Casán, Sergio Renán, Gerardo Sofovich. Facundo Cabral pidió que su cortejo fúnebre tuviera una parada acá, en La Biela. Venían los pilotos de Fórmula 1 que competían en el Gran Premio, como Jackie Stewart, Nikki Lauda, Emerson Fittipaldi, además de Fangio, Gálvez, José Froilán González y Carlos Reutemann. Cuando se mató Gianclaudio Regazzoni en Italia, nos enteramos antes que la prensa local, porque nos llamó un amigo para contarnos. Él había estado acá tres días antes. Durante muchos años implementamos el “rincón de los tuercas”, porque se festejaban en La Biela los Campeonatos Nacionales.

 ¿Cómo es su relación con los mozos? ¿Cómo los motiva?

Muchos mozos tienen más de 30 años de trabajo en La Biela. Mi relación con ellos es muy buena. Trato de que sean muy profesionales, hoy es lo que falta en muchos establecimientos gastronómicos. Los mozos de la mañana, por ejemplo, conocen a cada uno de los clientes por su nombre, saben qué van a tomar. Este trato es valorado por el cliente. Nuestros mozos suelen recibir recados para otros clientes, del tipo “cuando venga fulano, decile que después vuelvo”. Mucha gente usa a La Biela como su oficina, los mozos hacen de mensajeros.

 ¿Tiene un maestro cafetero o cualquiera de los otros empleados puede hacer un buen café en La Biela?

Hace alrededor de 14 años que tenemos el mismo cafetero. El día que por algún motivo lo hace otro empleado, se nota la diferencia. Tengo el mismo jefe de cocina desde hace 38 años. La mayoría del personal empezó como peón, lo vamos formando como si fuese una especie de escuela. Esto los motiva, saben que pueden progresar, y a la vez se ponen la camiseta del bar. El barman empezó lavando copas, y así el resto. Impulsamos la capacitación, los alentamos a que estudien inglés y hagan cursos. Hay empresarios que no quieren empleados con antigüedad porque tienen un costo más alto. A nosotros esta metodología nos da muy buenos resultados.

 ¿Su familia lo acompaña en el establecimiento?

Sí, mi esposa Marta me acompaña en todos los emprendimientos. Mi hija María Alejandra trabaja acá conmigo; y mi hijo Miguel trabajó durante muchos años como barman y bartender, pero ahora está abocado a la función pública. Mi familia es un pilar importante para mi labor de empresario y también de dirigente. Ser dirigente es una pasión; si la familia no comprende esta labor, es difícil desempeñarse.

¿Cómo tomó la familia esta decisión de Miguel?

Estamos contentos porque entendemos que es lo que a él le gusta. En esta nueva etapa, a pesar de haber recibido algunas ofertas para quedarse en el área Turismo, va a estar en el Sistema Nacional de Medios Públicos, junto a Hernán Lombardi.

Fue presidente de la AHRCC desde 1998 a 2002. ¿Cómo resultó la experiencia?

Entiendo que fue bastante positiva para la entidad a pesar de que fueron tiempos difíciles. Una de mis metas fue trabajar para unir aún más los distintos sectores que la conforman. En esos años compramos el terreno lindero al de la Asociación, donde hoy se alza el Instituto Superior de Enseñanza Hotelero Gastronómica. Creo que fue una presidencia aceptable para los tiempos que corrían. También me desempeñé como vicepresidente y tesorero de la AHRCC. Fui presidente de la Cámara de Bares. Y soy consejero titular de FEHGRA. En la AHRCC sigo participando como ex presidente, pero no quiero ningún cargo porque creo que hay que dejarle espacio a la gente joven, siempre fui de esa idea. Hay gente joven muy interesante, que está trabajando muy bien. Claro que siempre faltan metas por concretar.

Y de FEHGRA, ¿qué nos puede decir?

Soy consejero titular, y participo en el Departamento de Turismo. Estuve trabajando en la reforma del Estatuto. Nunca quise tomar un cargo ejecutivo por un problema de tiempo. Es una entidad muy profesional, que nos permite conocer las realidades de todo el país y compartir experiencias. En todas las regiones tenemos problemas. Valoro especialmente su condición de entidad federal, que impulsa el trabajo por el sector a nivel nacional. Es la que mejor trabaja en este sentido, la que mejor defiende los intereses del sector a nivel país.

¿Participa en otras instituciones?

Sí, en la Cámara de Comercio, y soy presidente de la Asociación Amigos de la Recoleta. Siempre estamos tratando de que haya más seguridad, más limpieza, para que el barrio esté ordenado, para que la gente viva mejor.

¿Cuál considera que es el desafío de la Federación en este nuevo escenario?

Es el mismo que el de la AHRCC. Debemos apuntar a que el Gobierno haga las cosas bien, y que lleve al país a un mejor posicionamiento a nivel internacional. Debemos volver a ocupar el lugar que se perdió para que vuelva el turismo. Hay que abrir nuevos mercados turísticos, es un trabajo a más largo plazo. Tiene que haber más seriedad y progreso, para que los empresarios podamos atender lo mejor posible y ofrecer el mejor servicio. De esta forma el turista nos recomienda; esta es la manera de trabajar. Cuando un viajero se va conforme con nuestro servicio, nos recomienda a tres personas. Si se va disconforme, las estadísticas dicen que no vienen diez personas. Por eso hay que tener constancia en mejorar el trabajo, capacitar al personal, estar en los detalles para que el que venga regrese y recomiende. El desafío de FEHGRA también es trabajar para impulsar la disminución de los costos fijos en todo el país, nadie escapa al momento que estamos viviendo. Esperemos que, en esta etapa, logremos tener un país serio y predecible, que no tengamos que estar pensando para hoy o para mañana, sino a largo plazo. Aprovecho este espacio para saludar a todos los dirigentes empresarios nucleados en la Federación, debemos seguir trabajando, porque es la única manera para lograr mejorar nuestra situación actual.

Y puntualmente para que despegue el negocio gastronómico, ¿qué cree que se necesita?

El gran problema de la gastronomía son los costos y la rentabilidad. Es un problema que a corto plazo no tiene solución. Hay que ir bajando los costos de alguna manera porque si no trabajás, trabajás, trabajás, y no se ve la satisfacción que tiene que tener una empresa. Nadie pide volverse rico. Hace 50 años que estoy al frente de este negocio, de lunes a sábados, todos los días desde la mañana hasta las 19 o 20 de la noche, y no me volví rico. Si ganara mucha plata, no tendría necesidad de estar acá todos los días, durante tantos años, sacrificándome junto con mi familia. Los costos fijos de la hotelería y la gastronomía superan mucho a lo que es el sector a nivel internacional. Tenemos un gran desfasaje, que hasta que no se empareje nos va a costar sacarle rentabilidad al negocio.

¿Incidió la merma de la llegada del turista extranjero?

Sí, especialmente del brasileño. Desde que Brasil devaluó, sumado a sus problemas estructurales, le cuesta venir. Debe haber caído un 50% en el último año. En algunos momentos, el turista brasileño llegó a representar el 35% o 40% del total del turismo. Que se caiga un 50% de ese 40% es mucho. Esperemos que se revierta.

¿Es optimista?

No en el corto plazo. Pero nos va a ir bien si hacemos las cosas correctamente. Argentina es un país fenomenal. Aquí hay gente muy capaz, y eso ayuda a salir más rápido. Es un país que ofrece muchas oportunidades. Pero hay que trabajar, otra no hay. Los que quieren vivir sin trabajar no tienen que elegir este país. Argentina necesita gente que trabaje.

 ¿Alguna vez deseó volver a España?

Llegué en el 65. Mi familia es de un pueblito ubicado a 60 kilómetros de León, llamado Sabugo, muy chiquito, una especie de aldea de montaña y con ríos. Hermoso. En invierno nieva durante tres o cuatro meses, y tiene muy buen clima en verano. Mis papás vivieron toda su vida allí. Tengo dos hermanas que viven en León, y otra que reside en Madrid. Mis hermanas siguen manteniendo la casa de mis papás. Volví muchas veces para visitar a mi familia, pero nunca pensé en volver. Alguna vez la situación fue difícil, pero me casé en el 75 con una argentina, aquí nacieron mis hijos, y estoy nacionalizado, voto y tengo los mismos problemas y satisfacciones que todos los argentinos.

Recuadro “Había una vez…”

Hasta 1816, la virreina vieja, Doña Rafaela de Vera y Pintado —viuda de Joaquín del Pino, quien fuera virrey del Río de la Plata entre 1801 y 1804— era dueña de los terrenos en donde hoy se ubica La Biela. Era zona de malevos y mujeres de dudosa reputación. Al fallecer, la virreina le donó un pedazo de la esquina a sus peones, quienes pusieron una pulpería en 1820, que fue considerada el primer sitio gastronómico. Funcionó hasta 1880, año en que el “Vasco” Michelena tomó la posta y armó una pulpería que, dicen, era la mejor de la Ciudad de Buenos Aires. A partir de 1900 se transformó en bar. Durante un tiempo, fue bautizada por su propietario español como “La Viridita”, porque tenía una angosta vereda con solo 18 mesas. Atrás ha quedado también “Aerobar”, nombre que recibió durante algunos años en homenaje a los pilotos civiles vecinos de enfrente. Desde 1950 se llama “La Biela” —durante un tiempo fue “La Biela Fundida” —.

Hoy su amplio salón tiene capacidad para 400 personas cómodamente sentadas. El frente aún conserva la estructura de hace más de 100 años, pese a la última remodelación realizada en 1994. En la amplia terraza se pueden ubicar 300 personas, a la vista de la Iglesia Nuestra Señora del Pilar y del Cementerio de los Monjes Recoletos. En sus paredes se pueden ver los clásicos radiadores Hispano Suiza, bielas, antiguos faroles y bocinas de viejos automóviles. Debido a la inclinación “tuerca” del lugar, hay fotografías de los grandes del automovilismo, como Juan Manuel Fangio, cinco veces campeón mundial de la Fórmula 1, José Froilán González y Clay Reggazzoni, entre otros.

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