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Argentina, todo para ver

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En todas las regiones de la patria hay un destino exótico para disfrutar y explorar. A caballo, en embarcaciones de todo tipo, en vehículos especiales o en extensas caminatas, se puede llegar a recónditos sitios únicos, exóticos y maravillosos.

Loma Bola - San Javier.  Foto: IMPROTUR

Loma Bola – San Javier. Foto: IMPROTUR

Cuyo. Mendoza. Naturaleza. La cordillera de los Andes. Y la joya del paisaje: el Aconcagua. Todos los años miles de montañistas llegan a estas tierras para ascender hasta la cima de la segunda montaña más alta del mundo.

Allí los esperan los baquianos para guiarlos por senderos peligrosos, pero excitantes, hasta alcanzar —los que llegan y superan los cientos de escollos— los 6.962 metros.

Se necesita un enorme entrenamiento para comenzar la subida, pero vale la pena: durante todo el camino hay valles, quebradas y glaciares.

El ascenso al Aconcagua se hace por la cara norte, llamada “Vía normal”, que parte desde la localidad de Penitentes. A lo largo de esta ruta, se ubican los campamentos de altura, necesarios para lograr la aclimatación. En el campamento base, Plaza de Mulas, a 4.300 metros hay un refugio que ofrece servicio de alojamiento. Al siguiente campamento se lo conoce como Cambio de Pendiente y, más arriba, a 5.700 metros están los refugios Plantamura, Libertad y Berlín.

Cuando se está por coronar la cima, a 6.500 metros, está el último de los refugios: el Independencia, que se encuentra semiderruido y al cual se considera el más alto del mundo. A lo largo del camino, los andinistas buscan los diferentes hitos: El Semáforo, Plaza Canadá, Piedra de 5000, Nido de Cóndores, Piedras Blancas y Piedras Negras, Gran Travesía y Canaleta. Y, por supuesto, la cumbre, a 6.962 metros.

Pero el viajero que viene a buscar más aventura y adrenalina tiene mucho para elegir en este país. Por ejemplo, a poco más de 1.300 kilómetros del Aconcagua, hacia el norte, en la provincia de Salta, en el noroeste del país, está una de las grandes maravillas de la Patria: el Tren de las Nubes. Se trata de uno de los tres convoyes más altos del mundo, y la excursión parte desde la ciudad capital y termina en el Viaducto La Polvorilla, a la friolera de 4.220 metros sobre el nivel del mar.

Bosque Petrificado Sarmiento. Foto: P. C. Kane

Bosque Petrificado Sarmiento. Foto: P. C. Kane

En su trayecto —se aconseja estar preparado, aunque el tren lleva oxígeno para asistir a quienes padecen el mal de la montaña— recorre un camino que lleva literalmente hasta las nubes y da tiempo suficiente para disfrutar de paisajes cambiantes, desde los verdes cerros del Valle de Lerma hasta la soledad de la Puna.

Cuenta la historia que el ingeniero estadounidense Richard Maury, quien estuvo al frente del proyecto, planeó en los años 20 un trazado singular que se sostiene sobre un sistema complejo de rulos, zigzags, viaductos, túneles y espirales, y que hoy resulta uno de los viajes más asombrosos del mundo.

El tren recorre un trayecto de 217 kilómetros a una velocidad de 35 kilómetros por hora y cuenta con un coche comedor, consultorio médico, audio, video y servicio de guías bilingües.

Fantasmas nacionales

Pero no todo es altura. En el llano pasan cosas, cosas fantásticas que hacen las mieles de los turistas de todo el mundo, por ejemplo, un paseo por la misteriosa ciudad de Buenos Aires y sus lugares fantásticos.

Uno de los tours se denomina “Historias, leyendas y casos espeluznantes de nuestra Buenos Aires que te ponen los pelos de punta”. No es ni más ni menos que un circuito que recorre los lugares donde ocurrieron los casos que conmovieron a la sociedad porteña en los últimos dos siglos y hasta casas embrujadas.

La muerte y el fantasma de Felicitas Guerrero de Álzaga es parte del recorrido, como la casa de los leones, el primer fantasma “oficial”, la dama de blanco y la historia de Rufina Cambaceres, la joven que murió dos veces. Recomendación: lleve coraje adicional.

Pero como no solo de fantasmas vive el hombre, hay otros circuitos: los literarios, que pasean por donde se desarrollaron novelas y cuentos inolvidables de autores como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares o Leopoldo Marechal.

Salta. Foto: Eliseo Miciu

Salta. Foto: Eliseo Miciu

Y como siempre hay más en esta enorme tierra para los turistas nacionales e internacionales que buscan la paz y la energía, vaya este consejo: tómese alguno de los transportes que arriban a Córdoba y diríjase al Cerro Uritorco, en el Valle de Punilla. Su nombre en lengua quechua significa “Cerro Macho”, en alusión a su impactante presencia geográfica: llega a los 1.980 metros de altura.

Allí se pueden hacer varias cosas: escalar la montaña, practicar el senderismo, cabalgar o practicar rutinas de cuerdas; o sentarse a esperar en posición de loto a que la energía única ahí reinante lo bañe de beatitud. Como en un increíble revival, quienes vayan verán viejos y jóvenes hippies, hare krishna cantando, mucha gente practicando yôga, mirando cristales o meciéndose debajo de una pirámide, en una comunión cultural fantástica literalmente.

Los antepasados hablan

Claro que, si el huésped tiene tiempo y no quiere perderse ni la energía ni la cultura, puede viajar al sur, a lo que se llama “tierra de dinosaurios” y “avistar” a los pobladores más ancianos del planeta.

Amén de que en la vasta Patagonia tienen miles de sorpresas y paisajes incomparables, el turismo paleontológico ha cobrado una vigencia enorme debido a los últimos descubrimientos. De modo que el turista podrá elegir paseos por Santa Cruz, para ver La cueva de las manos, o yacimientos arqueológicos en Neuquén, Río Negro, Chubut y La Pampa.

Neuquén, sin ir más lejos, guarda un tesoro misterioso e inabarcable. En sus tierras se realizaron importantes hallazgos paleontológicos que dan cuenta de que este fue, millones de años atrás, lugar de residencia de los dinosaurios más grandes del planeta; como el bautizado Argentinosaurus huinculensis, el dinosaurio más grande hallado en el mundo.

Los Cardones Salta. Foto: Esteban Widnicky

Si el frío lo acobarda, otro viaje imperdible y exótico es un paseo por los Esteros del Iberá, en la provincia de Corrientes. El lugar tiene una extensión de 1.400.000 hectáreas y es el segundo humedal más grande de Sudamérica. Lo increíble es la diversidad de su naturaleza, lo que permite realizar distintas actividades: caminatas, paseos en bicicleta, a caballo, en sulky, trekking, mountain bike y avistaje de aves desde tierra o desde el agua, a bordo de lanchas, canoas o kayak, según la preferencia del aventurero.

Es admirable el cuidado que los vecinos de este humedal tienen por esta región y el respeto a sus habitantes, en especial, por aquellos que están en vías de extinción. Los voluntarios se dan cita todos los días para que nadie dañe el ambiente.

Cerca del humedal se puede disfrutar la cultura del gaucho, el legado guaraní, el chipá, el chamamé y fiestas, como los carnavales.

Mar de las Pampas

Mar de las Pampas

Y nada, pero nada mejor que terminar esta travesía en la costa atlántica —provincia de Buenos Aires—, más precisamente, en Mar de las Pampas, considerada una slow city.

No, la idea no es andar en cámara lenta, sino ralentizar la vida pero a conciencia, que es otro modo de verla (a la vida, claro).

Para eso hay varios spas, un apetecible circuito gourmet, turismo aventura y deportes de playa. Se trata de una especie de paraíso de amplias y despobladas playas, entre enormes pinos, acacias y eucaliptus, y dista a cuatro horas de la ciudad de Buenos Aires.

Los que saben juran que la primavera es la estación que nadie se tiene que perder: las pilas se cargan en lentas caminatas bajo el sol ideal y por los bosques. Por ahora son pocas las familias —un centenar— que viven en forma permanente, y son ellas mismas las que ofrecen alojamiento y consejos para bajar un cambio.

canadon

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