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Aprender el lenguaje del vino

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La cata corporativa puede transformarse en una herramienta que potencia la creatividad y el mejor desempeño de los ejecutivos de empresas hoteleras y gastronómicas.

Por la sommelier Andrea Maset (*)

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“En el libro de Don Quijote, de Miguel de Cervantes, hay un pasaje en el que Sancho Panza, personaje notorio, por querer darse importancia en todo, dice que en su familia existieron grandes degustadores, tanto es así que en una ocasión dos de ellos, mientras degustaban un vino de un determinado tonel, estuvieron de acuerdo en todo menos en un sutil aroma, sobre el que uno de ellos decía que era cuero y el otro que era hierro. Y continuaron bebiendo y discutiendo hasta vaciar el barril, en cuyo fondo encontraron un pequeño llavero de cuero” (El vino y algo más, Marcelo Copello).

Sin querer llegar a esta improbable precisión, pensar en la cata de vinos puede hacernos aprender mucho, sobre todo, a adquirir confianza en nuestros sentidos.

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Coaching enológico

A lo largo de mi carrera como sommelier, en la que conduje grupos de enófilos en diversas dinámicas de cata, he observado la ansiedad de las personas por develar el secreto del vino y encontrar la llave para abrir la cava que alberga todas las respuestas.

Hoy, habiendo transcurrido ya más de dos años como capacitadora del área Enología para la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina, he diseñado una herramienta de coaching para personal gerencial y ejecutivo de empresas hoteleras y gastronómicas, generando un espacio en el cual, a través del conocimiento del mundo del vino (lenguaje, procedimientos de catación y criterios fundamentales), con seleccionadas estrategias metodológicas orientadas fundamentalmente a dinámicas de grupo; el personal a cargo de la toma de decisiones pueda dominar el virtuosismo del mencionado néctar, transformando dicha información en una aliada que potencie su creatividad para un mejor desempeño de sus funciones.

Comprender el vino a través de las catas guiadas no exige un don natural ni una condición física privilegiada, tampoco una preparación académica de élite; solo la predisposición a aprender un lenguaje nuevo que pocos dominan de un mundo que, paradójicamente, habita en gran parte de la humanidad.

Desde el punto de vista corporativo, realizar esta dinámica de manera grupal refuerza lazos de comunicación, estimula el autodescubrimiento frente al otro en un clima donde todos intentan ponerle lenguaje a lo desconocido, es decir, “encontrar y darle un significado a tantas nuevas sensaciones que no sabemos cómo contarlas”.

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Dominar el arte de catar vinos

A través de un paseo por los más afamados terroirs de la Argentina y sus cepas insignia, orientaremos al catador acerca de los procesos de vinificación de tintos, rosados y blancos, sin olvidarnos de los espumantes; técnicas de cuidado y tendencias de cultivo de las vides; historia, presente y futuro de nuestro vino argentino; y también ofreceremos un breve recorrido por las más exclusivas tierras vitivinícolas del mundo, sin olvidar destacar lo que dio origen a las históricas bodegas de nuestro país.

Brindaremos la posibilidad de catar desde base cero; esto significa que para aquellas personas que nunca hayan incursionado en esta amable actividad no habrá impedimentos, ya que uno de los fundamentos para todos los cursos que hemos dictado es transmitir la filosofía del vino, acercar sus sensaciones al enófilo y a la persona común priorizando el respeto por las diferencias.

De manera individual, avanzaremos en las nociones de “cata” y su “paso a paso”. La propuesta será que el catador observe con la vista y con el conocimiento al vino, que logre encontrar, descubrir e interpretar sus aromas invitando para ello al sentido del olfato, respetando las posibilidades de cada integrante del grupo y celebrando los descubrimientos por parte de cada persona. Continuaremos con el sentido del gusto, experimentando en el paladar las sensaciones de esta bebida, comprendiendo en esta instancia el concepto de maridaje y, por último y como corolario, el catador creará su vino perfecto y personal a través de operaciones de blending, contando para ello con la guía necesaria del sommelier y la cristalería de primer nivel exclusivamente diseñada para tal finalidad. Esta fase del encuentro exigirá contar con los mejores varietales logrados de nuestro país, que reflejen la pasión por el arte de hacer buenos vinos.

La cata exige un volver hacia uno mismo, exponiendo el cuerpo a sensaciones y emociones generadas por el sistema límbico de nuestro cerebro, allí donde lo que gobierna es el bienestar. Cuando la cata es grupal y compartimos con el otro aquellos “descubrimientos” aromáticos o gustativos que intentan expresar la identidad del lugar donde nacieron esos vinos se encuentra una asombrosa similitud con las otras personas, a la vez que emergen también y con total impertinencia las diferencias. Esto posiciona al hombre o a la mujer en un piso común, en un mismo punto de partida, y es donde podemos encontrar que, pese a las diferencias de criterios, etnias, costumbres o estatus, podemos hablar un lenguaje común.

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Los objetivos de la cata corporativa

Estos son algunos beneficios de la cata corporativa para el personal ejecutivo y por consecuencia para la empresa:

  • Desarrolla las capacidades y fortalezas de la persona, al mismo tiempo que su nivel de bienestar emocional le permite ganar en eficiencia y disfrutar más las cosas.
  • Propicia la toma de decisiones con conciencia, conocimiento, argumentos y valores.
  • Potencia la confianza en sí mismo.

(*) La sommelier Andrea Maset, del área Enología de FEHGRA, dicta el curso “Catas Corporativas para Ejecutivos de Empresas Hoteleras y Gastronómicas”.

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